Hoy comparto con vosotros La Receta.
La del arroz chino, que no es el tres delicias, sino el blanco, por si hay alguna duda.
Hace años ya que se nos estropeó la arrocera. ¡Cataclismo, tragedia indescriptible!
En realidad no, porque se puede hacer el arroz blanco como en el chino con una cazuela pelada. Nosotros usamos una normalita, de unos 20 cm. de diámetro, pero sirve cualquiera.
Pido disculpas anticipadas por la calidad de las fotos. Cuando terminemos la mudanza pondré unas hechas con la cámara de verdad. Sin más dilación:
Tiempo necesario: Algo menos de 30 minutos.


En fin, es una receta de arroz blanco sencillísima. Sólo debes recordar: TDT (tapa, destapa, tapa), y acordarte de tener el fuego a toda mecha, excepto en los últimos 20 minutos. Si lo preparas dos o tres veces, le pillarás el tranquillo y te quedará perfecto. De hecho, hoy por hoy ZF prefiere hacerlo así a cualquier otra manera.
La mayor parte de los mensajes que me llegan a través del formulario de contacto tienen uno de estos propósitos:
Además, de las búsquedas que hacen los visitantes casuales para llegar a esta página, una de las que más se repite es
(siendo L* la letra del alfabeto que se te ocurra).
Hoy quiero responder desde aquí a un mensaje que me llegó esta madrugada, aunque creo que en este blog he dado mi punto de vista sobre los tatuajes en chino alguna vez:
Hola,el jueves quiero hacerme un tatuaje en chino en el cuello del nombre de mi marido (1).las letras (2) me las a dibujado una china (3),una conocida(no cualquiera).aunk por lo k e leído,en tu vlor,se hacen muchísimas chapuzas.el tatuador que me lo hará lo conozco y dibuja muy bien (4) .no kisiera k me hicieran una chapuza,algún consejo d como hacerlo bien?
Hola, visitante casual. Trataré de ir al grano:
- (1) El chino no es un alfabeto. No puedes ponerte el nombre de tu hijo, o el de tu artista favorito. No hay un equivalente directo entre las letras españolas y los caracteres chinos porque…
- (2) En chino no hay letras, hay miles de caracteres silábicos. Lo máximo a lo que puedes aspirar es a que algún conocido adapte bien tu nombre al chino según la fonética, o bien ponerte un nombre en chino (si ya sabes chino, o conoces a un chino que te aprecie y te quiera bautizar).
-(3) Que un chino “conocido” te escriba algo en un papel diciendo que es tu nombre no es garantía de nada. No vale el del frutos secos, o el camarero del restaurante.
-(4) Por último, y casi lo más importante de todo: Para hacer bien un tatuaje en chino, no hay que dibujar bien: Hay que saber escribir en chino.
Punto.
Cada uno decide qué se pone en la piel.
Desde aquí, simplemente desaconsejo tatuarse en lenguas de las que no se tiene ni idea. Si uno va a hacerlo, recomiendo que se haga en élfico, que al menos garantiza que uno no se topará con algún buenorro de Tierra Media que venga a reírse del tatuaje.
——–
En definitiva, todo lo que se pueda decir sobre los tatuajes en chino puede resumirse en una oración:
Para que un tatuaje en chino esté bien hecho es tan importante la corrección del caracter como la ejecución del mismo.
(Y añado: Casi nunca coinciden las dos cosas, y con harta frecuencia ninguna de ellas está presente).
Llevo días tratando de no entrar demasiado por aquí, no vaya a ser que me de por retratar la situación de forma demasiado sincera.
Por otro lado, estaba el riesgo de ponerme a escribir sobre cualquier pequeñez cotidiana, y que el tono me delatase. Probablemente es lo que acabará ocurriendo, así que más me vale poner negro sobre blanco lo que se me pasa por la cabeza.

Lo admito: Me arrepiento. No sé en qué momento ni de qué manera comentamos la posibilidad de pasar tanto tiempo aquí con mis suegros y dejó de parecerme absurdo para parecerme lógico.
En primer lugar, citemos lo más importante: La peque. A mi hija le da lo mismo estar en Nanjing o en Villaconejos (sólo tiene dos años y cuatro meses). Francamente, ni mis suegros ni Nanjing están siendo muy compatibles con ella. Los primeros, porque a pesar de su amor por mi hija, se apañarían para poner de los nervios a un Buda de plástico: Se ahogan en un vaso de chupito. Ven situaciones potencialmente mortales en cualquier situación doméstica. En cuanto a Nanjing, porque es tan compatible con un crío como una maratón de pelis de Nacho Vidal.
En segundo lugar, no era buen momento. Como he escrito hace poco, somos unos recientes hipotecados, y mis proyectos profesionales no son muy compatibles con estar aquí, en China, usando el ordenador capado de mi suegra.
Quince días en España, y no puedo.
No puedo abrir el WordPress y sacudir el polvo a las entradas que tengo en borrador, ni mucho menos enfrentarme a una página en blanco.
Pondré excusas: La mudanza, el ajetreo diario, bla, bla, bla…
Titulé el post “Peregrina”, no por ser “persona que anda por tierras extrañas”, sino porque el haber hecho las maletas y plantarme en Nanjing se me antojaba una idea peregrina cuando comencé esta entrada.
Me lo sigue pareciendo.
Volveré en cuanto lo supere… digo, en cuanto terminemos la mudanza.
(Vaya, así a lo tonto le he quitado el polvo a una entrada que tenía en borrador).
Ya estamos en España, en plena lucha contra el jet lag (ya va mejor: hoy he conseguido levantarme a las 6 de la mañana).

Ahora estoy en la etapa de alegría inicial del emigrante retornado (aunque vivir con tus suegros chinos 3 meses no se parece en nada a emigrar).
La tortilla de patatas de mi madre me ha sabido a manjar de emperadores, el colacao a hidromiel; he puesto nombre a la araña tamaño obús que nos esperaba al abrir la puerta, y doy trozos de pan a las hormigas que nos han okupado la cocina.
¿He dicho que me daba pena dejar Nanjing? ¡Pero si estoy dándome un baño de endorfinas!
ZF respira tranquilo: No le daré la plasta con emigrar a Noruega en una buena temporada.
Then world behind and home ahead,
We’ll wander back to home and bed.
¡Qué sensación tan extraña! Tratar de meter tres escasos meses en unas maletas… Dar las últimas vueltas por Nanjing, observando todo con los ojos un poco más abiertos que ayer, si cabe, como queriendo empaparme bien de los últimos recuerdos.
Me pregunto cuándo regresaremos y si volverán a repetirse algunas de las vivencias que hemos tenido.
No, evidentemente no, y quizás por ello me dé pena marcharme, a pesar de todo.
Según se publique esta entrada, estaremos suspendidos en el aire en un avión enorme y pesado, gracias a las leyes de la física.
(Cuanto más vuelo, menos me gusta hacerlo).
Volvemos (¿ya?).
Ha sido una prueba existencial para todos, pero hemos salido airosos.
Allá vamos, España.
Ya dejé por aquí constancia de los desayunos que tomo en China, y alguno se preguntó si no regresaría rodando a España, en lugar de en avión.
Pues ved, ved las comidas. Empezando desde arriba (disculpas por la mala calidad de las fotos):
Algunos apuntes:
Con esto y sin bizcocho, os dejo hasta mi próximo tocho. ¡Pasadlo bien!
El sábado fuimos a Anhui, una provincia vecina.
En el mapa, si es que se muestra la imagen, podemos ver que Anhui queda a un tiro de piedra de Nanjing.
¿Qué se nos perdió allí, en medio de las alertas de tifón?
En Anhui se encuentra la famosísima Huangshan, Montaña Amarilla, cuyos paisajes escarpados suelen ilustrar más de una o dos ensoñaciones sobre cómo debe ser China.

Pero nosotros no hemos ido a hacer turismo, ni a ver Huangshan.
Si sabéis algo del mercado inmobiliario chino, estaréis al tanto de que lo suyo no es una burbuja, sino un zeppelin. Y cuando las burbujas se instalan en las ciudades, ¿qué hacen los habitantes de la ciudad?
Comprar casas en zonas limítrofes.
Anhui es la Seseña de Nanjing.
Y mi suegra ha decidido colaborar en la burbuja china comprando una casa en Anhui; una de las muchas, muchas viviendas que están construyendo en la zona que limita con Nanjing.
Por supuesto, sin hipoteca, que para eso usa el método de financiación chino.
Lo importante, de todas maneras, es que sobrevivimos a un viaje de locos. Imaginad autobuses adelantando camiones en una autopista de dos carriles, con tráfico viniendo de frente… y comenzaréis a entender lo que es el tráfico en este país.
Alabado sea el Señor (de esta, me hago creyente).
Ayer vi una cosa rarísima, tanto que estuve a punto de hacerle una foto:
Un tío en una moto… ¡con el casco puesto!
Pensaréis que no puede ser para tanto la cosa, pero yo, cuando camino por las calles, me llevo a veces las manos a la cabeza. Por poner algunos ejemplos, he visto en este poco tiempo:
A veces me pregunto si es que China está llenito de ángeles de la guarda trabajando a destajo, que hacen que este “más difícil todavía” tamaño ciudad no acabe en un desastre diario. Otras veces me pregunto si es que los chinos están convencidos de tener más vidas que un gato.
La curiosidad me ha hecho consultar los informes de la OMS sobre seguridad vial mundial para el 2009:
En estas gráficas se presentan los datos oficiales (ojo con el resaltado) de España y China. Cada año mueren en China un mínimo de 90 mil personas en la carretera. La estadística china no considera las muertes que se producen 7 días después del accidente.
En España son gran mayoría las víctimas que conducen o son pasajeros en vehículos de cuatro ruedas. En China, éstos sólo suponen el 22% del total de las víctimas. Ciclistas, moteros y peatones se comen la estadística. Además, encontramos que un 14% de las víctimas en China entra dentro de un misterioso grupo, “otros”. ¿Quiénes son? ¿Terceros, cuartos y quintos ocupantes de motocicletas?
Hago referencia a la oficialidad de los datos porque en este otro boletín de la OMS se menciona que el nº de muertes que se ofrece en las cifras oficiales dista de la realidad.
En cuanto a las normativas chinas, me topo con esta gráfica:
En teoría, hay regulación sobre el tema del casco, y un 16% de la población lo lleva (bastante generoso el porcentaje, creo yo). Incluso el 50% de los ocupantes de los vehículos, dicen, lleva cinturón. Será el que sujeta los pantalones, porque lo que es el de seguridad…
Otra gráfica para terminar:
Aquí se nos muestra una clarísima e inexplicable tendencia a la baja en los fallecimientos en carretera en China. Han sido los ángeles de la guarda chinos, seguro: Han protegido a una población en la que cada vez hay más coches (con su propia epidemia de 4×4) y motos (ya he hablado de la plaga de motos eléctricas, silenciosas y traicioneras… ¡las odio!).
Pues no, de ángeles de la guarda nada: Se trata simplemente de una confección de estadísticas muy benevolente. En el mismo boletín de antes:

Pues nada, de ángeles de la guarda nada. En este tiempo aquí sólo he visto 3 hostiones en la carretera, y he estado convencida de que llegaba mi hora en otras tantas ocasiones, pero está claro de que las fatalidades existen en la carretera china, ¡lo raro es que no sean muchas más!
Poco a poco, digo yo, habrá más concienciación con estos temas+se irá haciendo cumplir una normativa al parecer ya existente, y se salvarán vidas con ello.
PDT: Mañana nos vamos a Anhui. En mala hora me da por escribir esto.
PDT2: Buen fin de semana a todos, viajad seguros.
Hoy hemos tenido nuestra última clase del intensivo. Por primera vez en mi vida le he sacado partido a un curso “normal” de chino.
El curso lo impartía la Universidad Normal de Nanjing (así se llama, sí).
Teníamos dos profesoras que eran el día y la noche: Una era aficionada al método gramatical (la que escribió en la pizarra de arriba; si sabes chino lo habrás notado) y otra al método comunicativo. Íbamos a lección por día, así que era imposible dormirse en los laureles.
Además, a pesar de los distintos orígenes de los compañeros (los únicos occidentales éramos dos norteamericanos y yo; el resto, dos coreanas y una japonesas) creamos un grupo bastante majo.
En estos momentos de despedidas, siempre me da por pensar que con toda probabilidad nunca volveré a verlos, y me invade una sensación extraña.
A pesar de que según escribo esto ando con 38.5 de fiebre, quiero dejar constancia de que no todo lo veo en negativo con estos dos meses en Nanjing:
Bueno, creo que estos puntos sirven como resumen.
¡Buen finde!
Las de la tienda de abajo. En cuanto
me ven aparecer con la peque entran en shock y exclaman:
-小老外来了!小老外来了! 小老外来了! (¡Aquí está la pequeña laowai*, aquí está la pequeña laowai!)
También ha vuelto a sucedernos, esta vez en el bus a casa de la bisabuela paterna**: Una paparazza tratando de sacarnos fotos desde un lateral. A pesar de que trataba de disimular, la he pillado y he impedido la sesión involuntaria de fotos.
A otro bus, el nº60, el que me deja cerca de la universidad cada mañana, subo sintiéndome como una piltrafilla cualquiera y bajo con el ego de Victoria Beckham. Es aparecer en el campo de visión de los otros pasajeros y hacerse el silencio (¡y eso que voy sola!). Las miradas se clavan en mí, comienzan algunos cuchicheos sobre mi persona; las mamás me señalan y les dicen a sus hijos en edad escolar:
-你看,外国人! (¡mira, una extranjera!)
Clases gratuitas de geografía humana para el niño y la niña.
El baño de ego, no obstante, dura poco: Me basta recordar que el único requisito para pasar el casting del entusiasmo chino es ser (evidentemente) extranjero. Lo sienten las señoras que salen de su hotel en Pekín o yo, “supuestamente” haciendo una vida de china media.
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Esta entrada, en realidad, es fruto de la desazón. Me doy cuenta de que integrarnos o asimilarnos en China es totalmente utópico. A mí, plin, soy adulta, pero… ¿y si mi hija tuviera que crecer aquí? Casi prefiero las perlas aisladas que nos sueltan en España: Los recordatorios de no pertenencia en Nanjing son constantes.
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*Laowai: Extranjero, guiri. Es un término que odio, aunque los chinos lo dicen con amor, al parecer.
**98 años calza la señora.
He tardado cinco años en dar con ellas, con las diez normas que os permitirán lidiar con el tráfico chino y sobrevivir. Las comparto con vosotros, pensando en el bien que hago a la humanidad con este gesto:
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