


, no?
¿No son estos titulares un tanto desmedidos?
Claro que, poco puede sorprenderme que el autor, el “ilustre” corresponsal en Asia para El Mundo, descalifique toda una ceremonia de inauguración por el cambiazo de niñas que se produjo.

Es una pena lo de las niñas, y que las huellas del comienzo fueran hechas por ordenador. ¡Al menos no encendieron el pebetero con mando a distancia!
-Qué ganas de hacer leña del árbol que aún no ha caído…
El Dragón, el Gigante, el Reino del Centro… Cualquiera de estas fórmulas tan manidas para referirse a China encuentran hueco día tras día en los medios españoles. Detrás de esos epítetos tan poco originales llegan, invariablemente, la desconfianza, la falsedad, incluso el oprobio.
No tengo un pelo de china. Sin embargo, en estas semanas he sentido verdadera vergüenza de los titulares y artículos que he tenido que leer. Opiniones claramente sesgadas, inocentes dibujitos que destilan xenofobia, así como artículos sensacionalistas y poco equilibrados han hallado tribuna en medios públicos.
Una pequeña muestra del material que he ido recopilando:
¡Cuánta xenofobia podemos mostrar en una sencilla viñeta!
En pleno siglo XXI, se sigue dando cabida en los medios a retratos de los chinos como el de arriba, con claras reminiscencias de la época del “Peligro Amarillo” y la “amenaza china” del pasado. Piel amarilla, facciones malévolas, trenza en la cocorota… ¿A qué me recuerda?
Así retrataron a finales del siglo XIX a un inmigrante chino en un periódico australiano. Poco cambian las cosas.
Parece que abundar en estereotipos o infamias es perfectamente plausible para los medios de comunicación españoles, siempre y cuando aquéllos a los que insultan (tanto en la imagen como en el mensaje que quieren transmitir) sean meros chinos, y no Borbones, homosexuales, “personas de color” u otro de esos grupos agraciados con el discurso políticamente correcto oficial.
¿Qué hay de comentarios como el que sigue?
Me pregunto cuan posible sería ver publicado algo como “moros a la mierda, hay que hacer algo con esa gente” en un medio como El Mundo.
Más de un mes después de el pogromo tibetano en Lasa, El País sigue ciñéndose a la No-Evidencia, hablando de la “violenta represión a las revueltas de Lasa”. Que después de más de un mes sigan sosteniendo lo insostenible, contradiciendo las afirmaciones de James Miles y los testimonios y documentos gráficos de testigos occidentales en Lasa, no es más que una forma descarada de ejercer su derecho a desinformar (que también está incluido en la llamada “Libertad de Prensa”). Por su parte, los corresponsales de El Mundo en Asia siguen escribiendo desde el delirio, manifestando claras deficiencias en sus análisis.
Mientras los medios españoles siguen recitando los mantras protibetanos, el mundo se mueve. Si a mí, una simple occidental, cada titular producto de la obsesión antichina me hace más pro-China, ¿qué no van a sentir los propios ciudadanos chinos? Estos días estamos viendo algunos botones de muestra.
Felicidades si has llegado hasta aquí.
las pelis de Wong Kar Wai, quiero decir.
Aún recuerdo esa tarde en la que a Andrés, a Ana y a mí nos dio por entrar al cine a ver 2046. La verdad es que, ya a mitad de la película, empezábamos a emitir miradas a lo “¿Cuándo puñetas va a acabar esta tortura?”. Allá por las 2 horas de peli, cuando el final se aproximaba, me sentía como si me hubieran atado a la butaca unos secuestradores, e ideado un suplicio interminable, más efectivo que obligarnos a escuchar toda la discografía de Julio Iglesias.
Eso sí, al salir del cine, no se si sería el Síndrome de Estocolmo, empecé a tener la impresión de que la peli me había gustado. Al cabo de unos meses, incluso compré el DVD.
Pero ayer, con Chungking Express…
No estaba en una butaca de cine, ni había pagado 6 euros para obligarme a mirar la pantalla. Me dispuse a ver la peli. Típica estética wongkarwaiana. Un doblaje pésimo, por cierto; ¡con lo interesante que hubiera sido ver la mezcla de idiomas que hay en la peli!
Unos diálogos de una profundidad insondable:
(En un restaurante de comida rápida)
Tony Leung: ¿Te gusta pensar?
Wang Fei: No lo sé, nunca lo había pensado. ¿Y a ti, qué te gusta?
Tony Leung: (Se acerca coquetamente a la oreja de Wang Fei, y susurra) Las ensaladas.
Wang Fei baila muchas veces California Dreaming, y las escenas sexuales o asexuadas las surcan aviones de diferentes tamaños. Interesante símbolo.
Mi mente se distraía cada vez más, en parte porque en el libro que estoy leyendo, The Valley of Horses, comenzaban unas descripciones muy minuciosas del intercambio de fluidos entre dos personajes.
La carne es débil, y la mente mucho más. Me centré en la carnaza, y apagué la tele. Otra vez será, Chungking.
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