Ya dejé por aquí constancia de los desayunos que tomo en China, y alguno se preguntó si no regresaría rodando a España, en lugar de en avión.
Pues ved, ved las comidas. Empezando desde arriba (disculpas por la mala calidad de las fotos):
Algunos apuntes:
Con esto y sin bizcocho, os dejo hasta mi próximo tocho. ¡Pasadlo bien!
Nota 1: Esto es integración, señores.
Título alternativo: My kingdom for a Cola Cao!
Nota 3: La tortuga no nos la hemos comido; sólo quería comprobar que prestabais atención.
Esta entrada no podía titularse “El secreto del restaurante chino” (¿quién pide lubina al vapor en un restaurante espachiñol?), pero es una receta china sencillísima y tan, tan deliciosa, que llevo tiempo queriendo ponerla. Es la comida favorita de mi hija de 20 meses, y tanto ella como yo os la recomendamos encarecidamente.
Ingredientes:
Dificultad: Más fácil, imposible
Tiempo de preparación: 10 minutos
Tiempo de cocción de la lubina: 7 a 10 minutos

Antes de comenzar, quiero presentaros el artilugio que usamos para cocinar al vapor: Es una rejilla plegable que se coloca en el fondo de la olla. Supongo que en vuestro Todo a 100 o supermercado local habrá aparatos que cumplan el mismo cometido. Y ahora, la receta:
Comenzamos cortando en tiras el jengibre, la cebolleta (o puerro) y laminando el diente de ajo, y reservamos.
Ahora, la lubina: Eviscerada y descamada de la pescadería, le quitamos las aletas, la partimos por la mitad y la disponemos en un plato
Después echamos sal, una pizca de azúcar, un chorrito de vino de arroz y una pizca de aceite (de oliva o girasol).
Acto seguido, embadurnamos la lubina (también su interior) con los potingues anteriormente descritos, y disponemos en su interior y sobre ella el jengibre, cebolleta y ajos que habíamos reservado antes.
Cogemos una olla ancha (debe caber el plato con la lubina, claro) y echamos unos dos dedos de agua. Después ponemos nuestro artilugio para cocinar al vapor y llevamos a ebullición.
Cuando hierva, es hora de colocar (con cuidadín) la lubina. Tapamos y dejamos que se haga (sin destapar) durante 7-10 minutos (dependiendo del tamaño de la lubina).
Una vez hecha, la sacamos con cuidado y ¡a comer!
*Nosotros hacemos la lubina con cabeza; mi marido la considera un manjar.
Nota:
Esta receta puede hacerse con otros pescados o carnes, variando la preparación al gusto. Por ejemplo, aquí tenéis un pollo picantón que hizo ZF hace poco al vapor:
Os animo a hacer (o deconstruir) esta receta; ya se sabe lo sanísimo que es comer al vapor.
Si tenéis algún comentario, queja, pregunta, puntualización, denuncia… ya sabéis: Usad los comentarios.
Aquí tenemos un nuevo ejemplo de apropiación cultural para lo que nos interesa: En este caso, vendernos un producto como si fuera la panacea, con la excusa de que culturas milenarias lo usan desde hace siglos. En este caso, el producto milagro es la “leche” de soja… y los miles de productos de soja (yogures, bebedizos varios) o con soja (te reto a encontrar un producto que no lleve lecitina de soja como emulsionante).
¿Es la soja El Alimento? Es hora de rescatar esta entrada de mis borradores y hacer algunos comentarios sobre su consumo.
El primer lugar, quiero destacar la enorme falacia del anuncio anterior:
Si bien la soja se consume bastante en algunos países asiáticos (China, Corea, Japón…), gana por goleada el producto de soja elaborada (salsas, fermentados estilo natto). Beber zumo de soja (“leche de soja”) no es la medicina diaria en Japón y China, ni se usa el tofu como si fuera nuestro pan ni la soja como pipas, como quieren hacernos creer con estos anuncios. Este dato (el escaso consumo de soja cruda) es relevante, como veremos a continuación.
Si vas al supermercado, lo has visto: La soja esta de moda, tanto en productos de dietética como en la mayoría de alimentos elaborados (en forma de lecitina de soja).
Sin embargo, la soja tiene efectos para la salud humana que todo el mundo debería conocer, y que quedan muy lejos de los milagros prometidos en la publicidad. Dichos efectos se conocen desde principios del siglo XX, pero es con el presente abuso de la soja en Occidente cuando aumenta el número de estudios (más o menos tendenciosos) sobre el tema. Sin embargo, la publicidad ha conseguido minimizar los efectos perjudiciales de la soja sobre la salud, y magnificar sus beneficios. No se puede hacer un consumo responsable de ningún producto sin conocer las dos caras de la moneda.
No perdamos de vista este dato, ya que algunos de los efectos perjudiciales de la soja son consecuencia de la inclusión indiscriminada de estrógenos en la dieta:
Esta entrada no pretende ser un artículo científico sobre la soja. Mi intención es llamar la atención sobre esta inclusión masiva y artificial de un elemento ajeno a nuestra dieta, impuesta desde fuera como el nuevo dogma de fe. Al final, lo más sabio es actuar de forma lógica e informada.
En cuanto a la soja, abogo por un consumo moderado y, a poder ser, de soja elaborada/fermentada.
Firmado:
-Alguien que ha acabado desarrollando hipotiroidismo autoinmune, después de cambios en su dieta hace 6 años que llevaron al consumo habitual de soja , aunque probablemente no tenga nada que ver.
Si me viera en la disyuntiva de comer carne humana para mi supervivencia o morir de hambre, el dilema sería terrible para mí: ¿Muslo o pechuga?
Con esta introducción, puede entenderse que no haya tenido problemas en comer guiso de reno, lenguas de bacalao y de pato, alce, burro, perro, tortuga, paloma, conejo, caracoles, serpiente, huevos de toro, e incluso salchichas. La culpa es de mi madre, que echaba sesitos en mis papillas de pequeña.
Esta entrada está relacionada con lo que, a todas luces, no se podrá comer en China en un futuro próximo: Ni carne de perro, ni carne de gato.
Sobre el tema del consumo de carne de perro en China escribí en una entrada de 2006, nada menos (“La carne de perro está buena“). En ella, defendí que el rechazo a comer cierto tipo de carnes es una cuestión meramente cultural. Esto es algo que sigo sosteniendo: Lo único que nos hace ver una tarántula como no comestible, un perro como mascota y un cochinillo como un jugoso almuerzo, es haber nacido en (por ejemplo) Castilla en lugar de en Camboya. La única excepción es que uno sea un vegano declarado y todo consumo de carne le resulte igual de aberrante.
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Durante las Olimpiadas, se prohibió en Beijing servir carne de perro en los restaurantes. Ahora me entero, gracias a Zhenru, de que es muy posible que los días para el consumo de carne de perro y gato en China estén contados.
A la creciente presión social (como muestran las imágenes de esta entrada) y las quejas por el trato que se da a perros/gatos antes de ser sacrificados, se añaden los proyectos de ley gubernamentales, que penalizarán el consumo de carne de perro y gato en cuanto sean aprobados.
Cabe subrayar que el consumo de carne de perro/gato no es algo generalizado en China (al contrario de lo que usualmente se da a entender). En particular, la carne de perro es bastante más cara que la de otros animales, así que sólo la consume quien quiere (es decir, no nos darán perro por cordero/挂羊头卖狗肉
). La carne de perro se consume también en otros países asiáticos, y son generalmente perros criados para servir de almuerzo…
¿Sabes que van a prohibir el consumo de carne de perro en China?
-No me lo creo. No me parece bien.
¿Y eso?
-Es una discriminación de la carne.
Los perros son mascotas
-¿Y si tengo un cerdo como mascota, van a prohibir comer cerdo también? ¿Y si tengo una serpiente de mascota, tampoco voy a poder comer serpiente?
Tratan fatal a los perros antes de matarlos
-No me parece que el cerdo de la matanza de Ávila chillase de gusto tampoco
A pesar de que hay quien duda de si esta medida se toma más para complacer a las sensibilidades occidentales que a los ciudadanos chinos que se oponen al consumo de estas carnes, el debate está servido.
¿Has comido carne de perro alguna vez, lector? ¿Qué os parece la medida? ¿Dónde está el límite de lo comestible? ¿Habéis comido alimentos que a otros les causen extrañeza?
Esta entrada ha sido posible gracias a Hanwubai, que siempre está al tanto de todo lo que se cuece.
Los jiaozi son unas empanadillas de origen chino tan deliciosas que se han extendido a todos los lugares (las de Japón -gyoza- son también de origen chino). Probablemente todo el mundo las haya probado a estas alturas y sepa de qué manjar estamos hablando. Hoy os traigo la receta paso a paso: Os animo a prepararlos vosotros mismos, porque aunque es un poco entretenido picar el relleno y envolver los jiaozi, los resultados suelen ir de espectacular para arriba (además, el hecho de comer lo que uno mismo prepara es el doble de delicioso).
La masa de los jiaozi es la misma que la de la pasta (estilo ravioli). Con la masa, hay tres opciones:
La mezcla base de los rellenos clásicos es la siguiente:
Sin embargo, las posibilidades para hacer el relleno son infinitas, así que en el de esta receta ZF le echó algo de imaginación. Lo mismo podéis hacer vosotros
200 gr de carne picada mixta
1/2 taza de gambas
1/2 taza de cebolleta
2 0 3 champiñones
1 huevo
1 trozo de jengibre
1 cucharada de salsa de soja
1 cucharada de vino de arroz
1 cucharadita de harina de maíz
1 pizca de azúcar
Sal
Preparar el relleno para los jiaozi es sencillísimo:


Coged un buen cuchillo y picad, picad y picad bien picado todo lo que necesita ser picado (es decir: casi todo excepto la carne). Reservad.
Disponed la carne picada en un cuenco, ensaladera o recipiente hondo. Id echando encima de ella todo lo que habéis picado y el huevo.
Coged los palillos y mezclad todos los ingredientes.
Después de haber hecho una primera mezcla, toca añadir el resto de los ingredientes: La salsa de soja, el vino de arroz, el pelín de harina de maíz, el azúcar y la sal (y si os gusta alguna otra especie, no os cortéis). Mezclad hasta que os duelan los antebrazos.
Ojo: Es importante que el relleno quede un poco salado.

No dejéis que el aspecto del relleno os engañe: Os encontráis ante una bomba de sabores y sensaciones indescriptibles.

Disponed la masa de jiaozi, un recipiente con un poco de agua para que los bordes del jiaozi queden pegados , y una superficie plana enharinada para ir colocando los jiaozi ya hechos.
Envolver el jiaozi requiere un poco de práctica, pero no es complicado. Las imágenes que siguen muestran la técnica de ZF:
Sujetad la masa en la palma (o en el hueco de la mano)
Poned el relleno (sin pasarse, si no no habrá quien le dé forma y puede romperse al cocerlo).
Mojad vuestro dedo en el agua y pasadlo por los bordes del jiaozi
Dobladlo en forma de media luna (¡sin pegar los bordes aún)
Y comenzad a darle forma cual artesanos, plegándolo.
Éste es el resultado final.
Si no os ha quedado claro, podéis echar un vistazo a este vídeo:
No os deprimáis si os salen mal al comienzo: La práctica hace milagros con los jiaozi.
Además, son tan entretenidos para hacer con los amigos o la familia (¡incluyendo niños!), que tampoco pasa nada si quedan un poco feos… A vuestro estómago le dará igual la forma.

Cuando tengáis unos cuantos, podéis comenzar a cocerlos.

Una vez floten y se arruguen, podéis sacar uno para comprobar la cocción. Éstos son los jiaozi ya cocidos.
El tiempo de cocción dependerá de cuánto relleno hayáis usado, ¡cuidad que no se peguen ni se rompan!
(Siento no tener más fotos del producto final, pero desaparecieron al instante).
Suelen acompañarse con vinagre chino o con salsa (con vinagre chino + salsa de soja + especias + picante… al gusto de cada uno)
-¡Congelar los que sobren antes de cocerlos! Vienen genial.
-Freírlos (guotie) (Preparación express: Si usáis los congelados, no hace falta descongelarlos. Acomodadlos en la sartén y no los mováis de su sitio. Tapad la sartén y vigilad la cocción del jiaozi. Es normal (y deseable) que se peguen un poco. Si es necesario, añadid agua poco a poco hasta que estén hechos).
-Hacerlos al vapor.
-Si lo que os sobra es relleno, está muy rico en albóndigas o salteado con otras verduras.
Advertencia: Los jiaozi pueden provocar dependencia: Os veréis obligados a prepararlos en varias ocasiones y a experimentar con los rellenos. Este blog rechaza cualquier responsabilidad por los aumentos de peso provocados por dicha dependencia.
Mis suegros acaban de aventurarse solos en el mundo exterior: Van al Mercadona. Llevan un papel en el bolsillo con la dirección de esta casa y mi teléfono, por si se pierden. Me da un poco de miedo pero, ¡qué caray!, si alguien sobrevive al tráfico chino a diario, un paseo al super español es pan comido.
Mis suegros siguen con su visita al planeta España. Desde el punto de vista gastronómico, experimentan con lo español, pero vuelven a lo chino en cuanto pueden… Aunque eso requiera pasarse todo el día preparando platos chinos de forma totalmente artesanal.
Hay platos chinos muy elaborados, y que es usual comprar ya hechos o en puestos/tiendas, salvo en ocasiones excepcionales o que uno sea aficionado a la cocina. Los Jiaozi (empanadillas chinas) son un ejemplo de comida que te puedes tirar toda la tarde preparando, y más si eres como mi suegra y decides hacer también la masa tú mismo, porque la consistencia de la masa de la tienda china no te parece adecuada.
Los Jiaozi están riquísimos. Los de la foto llevaban, entre otras cosas, carne picada de cerdo, chives (¿cebollinos?) y setas (receta paso a paso un año de estos). La peque dio buena cuenta de un par de ellos:
Como suele hacerse, las sobras del relleno de los Jiaozi se usaron para hacer HunTun (pasta rellena que suele prepararse en sopas):
Hay cientos de maneras de envolver los HunTun; los de mi suegra son muy bonitos.
Volveremos en otro momento con mis aventuras suegriles. ¡Disfrutad del verano! Y no os olvidéis del concurso de fotos sobre “China” de Chinochano.
No estoy escribiendo nada. Estoy hasta arriba de trabajo y, además, estoy viviendo con mis suegros. ¿Quién da más?
Hace casi dos semanas desde su llegada. No voy a engañarme y escribir mentiras diciendo que está siendo todo una experiencia intercultural/intergeneracional fantástica; de hecho, está siendo complicadillo.
A falta de ganas de hacer un comentario extenso sobre mis encontronazos con la dichosa piedad filial, hago un cuadro resumen de algunas de las cosas que les han chocado a mis suegros de España, o que me han chocado a mí de su presencia en España:
Pondría más cosas, pero… Ommmmmmmmmmmm.
Necesito algún libro de autoayuda. Urgentemente.
Seguro que lo sabíais: Ayer fue el quinto día del quinto mes del calendario lunar. Tan importante día constituye en China el 端午節, el Festival de los Barcos de Dragón.
Es una festividad de origen chino y de más de dos mil años de historia, que se celebra en China (es día libre) y en otros países con comunidades chinas importantes; además la han adaptado en Corea, Vietnam, Japón…
Este post no es sobre la festividad en sí, ni sobre las coloridas carreras. Este post es para mostraros esto:
Seguramente hayáis visto los Zongzi antes.
Por fuera parecen paquetes sorpresa. Cuando los abres, te encuentras una masa viscosa y reluciente.
Los Zongzi son una comida típica de la festividad de los Barcos de Dragón. Son una masa de arroz glutinoso (en ocasiones con relleno: Los de la foto llevaban dátil). El envoltorio, generalmente, es de hoja de bambú. Imagino que envolverlos será laborioso, al igual que envolver los Jiaozi.
No soy muy fan de los Zongzi (hay mucha otra comida china que me parece deliciosa en comparación), pero ayer cumplimos con la tradición y dimos buena cuenta de ellos.
Y vosotros, ¿los habéis probado alguna vez?
El Dragón, el Gigante, el Reino del Centro… Cualquiera de estas fórmulas tan manidas para referirse a China encuentran hueco día tras día en los medios españoles. Detrás de esos epítetos tan poco originales llegan, invariablemente, la desconfianza, la falsedad, incluso el oprobio.
No tengo un pelo de china. Sin embargo, en estas semanas he sentido verdadera vergüenza de los titulares y artículos que he tenido que leer. Opiniones claramente sesgadas, inocentes dibujitos que destilan xenofobia, así como artículos sensacionalistas y poco equilibrados han hallado tribuna en medios públicos.
Una pequeña muestra del material que he ido recopilando:
¡Cuánta xenofobia podemos mostrar en una sencilla viñeta!
En pleno siglo XXI, se sigue dando cabida en los medios a retratos de los chinos como el de arriba, con claras reminiscencias de la época del “Peligro Amarillo” y la “amenaza china” del pasado. Piel amarilla, facciones malévolas, trenza en la cocorota… ¿A qué me recuerda?
Así retrataron a finales del siglo XIX a un inmigrante chino en un periódico australiano. Poco cambian las cosas.
Parece que abundar en estereotipos o infamias es perfectamente plausible para los medios de comunicación españoles, siempre y cuando aquéllos a los que insultan (tanto en la imagen como en el mensaje que quieren transmitir) sean meros chinos, y no Borbones, homosexuales, “personas de color” u otro de esos grupos agraciados con el discurso políticamente correcto oficial.
¿Qué hay de comentarios como el que sigue?
Me pregunto cuan posible sería ver publicado algo como “moros a la mierda, hay que hacer algo con esa gente” en un medio como El Mundo.
Más de un mes después de el pogromo tibetano en Lasa, El País sigue ciñéndose a la No-Evidencia, hablando de la “violenta represión a las revueltas de Lasa”. Que después de más de un mes sigan sosteniendo lo insostenible, contradiciendo las afirmaciones de James Miles y los testimonios y documentos gráficos de testigos occidentales en Lasa, no es más que una forma descarada de ejercer su derecho a desinformar (que también está incluido en la llamada “Libertad de Prensa”). Por su parte, los corresponsales de El Mundo en Asia siguen escribiendo desde el delirio, manifestando claras deficiencias en sus análisis.
Mientras los medios españoles siguen recitando los mantras protibetanos, el mundo se mueve. Si a mí, una simple occidental, cada titular producto de la obsesión antichina me hace más pro-China, ¿qué no van a sentir los propios ciudadanos chinos? Estos días estamos viendo algunos botones de muestra.
Felicidades si has llegado hasta aquí.

En las lecciones de “chino” (ejem) de Locura China nos enseñan una frase de gran utilidad (en el apartado “Comida china“):
#NO COMO PERRO: UO PUNENG CHETAI COU TA SHEUU (O MÁS RÁPIDO: NO PERRO: PU COU)
(cuando vuelva ZF del curro, le voy a leer la frase, a ver qué cara me pone)
(ACTUALIZACIÓN: Ha vuelto, le he soltado la frase mientras cocinaba, y no ha entendido. ¿Alguien consigue descifrar la frase? ¿Es mandarín, o cantonés?¿Coreano, Swahili? ¿¿Chetai??¿¿Ta Sheuu?? No sé por qué me tomo en serio estas cosas)
Parece que corre la impresión de que los chinos, tanto en China como aquí, andan obsesionados con el consumo de carne de perro.
Pues no, y si así fuera, ¿qué pasa?
Yo he comido dos veces perro. Una en conserva, y otra en una sopa picante. Y aunque mi perro está ahora mismo roncando aquí a mi lado, no sólo no sentí remordimientos, sino que me gustó.
Comer perro en China no es como comer pan en España: hay que ir a sitios especiales, o rebuscar en el menú. Además, los perros que se zampan los chinos están criados en granjas y su papel es llenar buches, y no hacer compañía. ¿O es que merece menos ser comido un can que un corderito?
¿Por qué?
Cada país tiene sus rarezas gastronómicas. Cuando estábamos en Nanjing, le ofrecimos a Fat Fox un plato de…

jamón serrano, y le costó sobreponerse a la idea de que era carne cruda. ¡Habráse visto!
También hay quien se relame con un plato de caracoles , y yo me he pasado media infancia inflándome a criadillas (también llamadas huevos de toro), cuando mi abuela me llevaba de excursión los domingos. ¡Y qué ricas estaban!
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Más ejemplos (seguro que vosotros tenéis unos cuantos): cuando fuimos a París, el pobre de ZF se pidió algo, y le trajeron una especie de cubo de carne picada cruda, aunque muy bien aliñada. No se la pudo comer, aunque luego chupa las cabezas de pato hasta sorberles el cerebelo (véanse las apetecibles cabecitas, en la foto).
En China comí perro, sí, y también burro, serpiente, paloma; en Noruega se zampan renos, focas y ballenas, y en España (por lo menos antaño) le daban bien a la casquería.
Además, lo he decidido: Cuando vuelva a China, voy a probar las larvas, el pollito dentro del huevo, relameré patas, cabezas y culos de patos y gallos, me zamparé sus lenguas, y de postre voy a pimplarme 3 pinchos de Tofu apestoso, y sin alterar el gesto. ¡Hombre ya!
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