He tardado cinco años en dar con ellas, con las diez normas que os permitirán lidiar con el tráfico chino y sobrevivir. Las comparto con vosotros, pensando en el bien que hago a la humanidad con este gesto:
Eso es lo que nos queda para irnos (salvo que el señorito de arriba tenga algo que objetar).
Después de renovar el pasaporte de la peque y solicitar nuestros visados hace una semana, ayer por fin fui a recogerlos y, ¡alabado sea el consulado!, estaba BIEN (para variar). Me temblaban las piernas hasta que comprobé que habían consignado bien la duración del visado (90 días).
Ya estoy mentalizada, pensando en cómo mejorará mi chino, en los 40 kilos que voy a perder, y en el cargamento de juguetes que necesito llevar para entretener a mi hija en el vuelo.
Los 60 kgs. de equipaje, no obstante, se los quedará mi suegra con sus peticiones:
Como me abran la maleta los de la aduana van a alucinar.
Continuará…
Esto es lo que se veía desde mi ventana esta mañana:
Un vecino sacando a su perro en un paisaje con una (ligera) capa de nieve. Aun no mirando por la ventana, es difícil ser ajeno a las inclemencias del tiempo en España. Basta con poner cualquier periódico online para darse cuenta de que la nieve no es algo que sucede, simplemente: La nieve nos afecta, nos azota, paraliza el país.
Cada lugar está a merced de los elementos. Como es lógico, son los elementos poco usuales los que nos parecen destacables.
Este vídeo lo saqué desde mi ventana el 29 de abril de 2008, en algún lugar perdido del norte de Noruega:
Nada comparable a cómo estaban las cosas en febrero, también en el norte de Noruega, desde la misma ventana:
Por allí no había ningún equipo de “Nordland Directo” filmando. La nieve sólo es noticia en Noruega cuando provoca alguna tragedia.
Ahora imaginad una noticia así en España:
No tiene mucho sentido… tan poco sentido como un titular sobre una nevada ordinaria en el Aftenposten. Y, sin embargo, lo que es noticia en Noruega es quién encuentra el primer diente de león de la temporada porque (¡gracias, Señor!) anuncia la ansiada primavera. Aquí está el presunto ganador de este año:
Cosas veredes…
(Por algún motivo desconocido he escrito esto, y tengo la osadía de publicarlo en 3, 2, 1…)
¿Qué ocurre cuando el lugar en el que desearías vivir no coincide con el de tu pareja?
En ocasiones no es cuestión de deseos, sino de posibilidades, de logística.
He dejado de intentar convencer a ZF de mudarnos a Noruega. Ni el frío, ni la perspectiva de aprender noruego, ni los inviernos interminables le parecen atractivos. Es más: Preferiría hacerse el harakiri con una cuchara de madera antes que poner un pie en Noruega para algo que no fuera turismo.
ZF sólo ha estado unos pocos días de visita cuando servidora vivía en el norte de Noruega. El señor acabó tal que así:
Intuyo que esa visita terminó con todas mis posibilidades. Se acabaron las auroras al otro lado de la ventana.
¡Qué paradoja! Una española que siempre ha deseado vivir fuera de España, con un chino que prefiere España a cualquier otro lugar.
A raíz de la publicación de un articulito en el WSJ sobre la superioridad de las madres chinas (mucho habría que matizar sobre el artículo en sí y sobre el libro de Amy Chua que publicita, pero no seré yo quien lo haga), se nos da un supuesto decálogo de cómo criar hijos “a la china”, a saber:
Si quieres que tus hijos sean unos ases, no les permitas…
Dormir fuera de casa. Quedar con los amiguitos para jugar. Participar en una obra de teatro del colegio. Protestar por no estar en la obra de teatro del colegio. Ver la tele o usar el ordenata. Elegir sus propias actividades extraescolares. Sacar una nota que no sea sobresaliente No ser el número uno en todas las asignaturas (excepción: gimnasia y teatro). Tocar un instrumento que no sea el violín o el piano. No tocar el violín o el piano.
El artículo se ha ido extendiendo por la red de forma imparable. De manera bastante previsible, nos lanzamos todos a escribir cómo la forma de crianza china es una barbaridad y cómo la nuestra (por opuesta, por distinta, por judía) es la mejor. El sinófobo aprovecha para meter el típico comentario sobre la amenaza amarilla que cría robots, y el sinófilo para lanzar una oda a los padres chinos. Y yo me pregunto:
Lo único claro en todo este lío es que Amy Chua va a vender su libro como petardos en la Nit de l’Albà, y que no hay nada más insoportable que un padre dando lecciones a otros de cómo serlo o no serlo.
(Entiéndase en sentido figurado)
Y es que dicen los expertos en marketing que “quien no se anuncia, no vende”. Y China ha decidido anunciarse en EEUU.
En el anuncio salen numerosas celebridades chinas (Yao Ming, Jackie Chan, Lang Lang…).
Después de ver el vídeo varias veces, mi impresión es la siguiente: Es un anuncio que los chinos verán con el pecho henchido de orgullo, y los demás con incredulidad y sin tener ni pajolera idea de quiénes son el 90% de los que salen en el vídeo.
Como comento en Zaichina, en mi opinión necesitarán cuatro tazas más de “soft power” (y quizás algo más de originalidad en el marketing) para vencer resistencias… Siempre y cuando el verdadero público final sea el estadounidense, y no el chino.
Vía Zaichina, donde podéis ver imágenes del anuncio en Times Square.
Finanzas a la española
-Peregrina de banco en banco hasta que uno te conceda la hipoteca por XXXXXX euros. Termina de pagarla cuando las nieves del tiempo blanqueen tu sien.
Finanzas a la china
-Pide dinero a tu tío, a tu hermano, a tu primo segundo, a tu padre (que también pedirá dinero a su primo tercero), al que te debía un favor, a tu amigo… hasta que, junto con lo que llevas ahorrando 15 años, hayas reunido los XXXXXX euros que necesitas. Devuelve sin intereses y en cómodos plazos (hasta que alguno de ellos necesite que le prestes dinero tú).
Esta entrada va dedicada a los padres que han adoptado a sus hijas de China. Viene a mostrar lo siguiente: Hay gente que no piensa antes de hablar. Es más: Hay gente que no piensa ni antes de hablar, ni después.
Después de todas las burradas que tienen que oír esos padres y, sobre todo, esos hijos (¿por qué se habla a veces sobre los críos delante de ellos, como si no se enterasen de nada?), sólo me queda sentirme afortunada de las perlas que me dicen a mí, pecata minuta en comparación.
TODO ES VERÍDICO como que me llamo mi suegra me llama Aorijia
¿Cuánto os ha costado?
¡Qué buena acción has hecho!
Búscale amigas chinas, no se vaya a pensar que es blanca.
¿Habéis tenido que ir a por ella o la han mandado?
¿Cómo vas a hacer para diferenciarla de las demás? ¡Si son todas iguales!
¿Y en qué idioma os entendéis con ella?
Entonces, ¿cuánto cuesta una chinita? Siempre he querido una, sobre todo desde que vi el documental en A3.
Es china, pero guapa.
Es tan mona, no parece china, parece una niña normal.
Mi madre se aburre en casa y le he dicho que adopte una chinita para ponerle coletas.
Las chinitas son muy monas, pero luego crecen…
¿Es china la niña? ¿Se lo vais a decir cuando sea mayor?
¡Pero no le pongas un nombre con “r”, que los chinos no saben pronunciarla!
¿Es tuya? ¿Pero tuya, tuya, tuya?
Pero ¿cómo vas a ponerle un disfraz de Cenicienta? ¡tendrá que ir de Mulan!
Algunas frases me las han dicho a mí, de carambola. Si hay algo que tenemos en común TODAS las familias multirraciales es que la mezcla parece justificar todo tipo de intromisiones en nuestra intimidad familiar.
Imaginad lo que debe ser crecer escuchando comentarios constantes que te reducen a ser una mera mercancía, un producto de compraventa. Imaginad crecer siendo culturalmente 100% de un lugar cuyos habitantes se empeñan en convertirte constantemente en un outsider, basándose en tu aspecto. Y no te quejes: te dirán que la gente tiene “buena intención” y habla desde el cariño.
Mi opinión es… ¡al carajo con la buena intención! Las familias adoptantes/multirraciales no están para satisfacer la curiosidad de nadie (mucho menos de desconocidos). La ignorancia tiene la lengua muy larga y la empatía muy corta.
He pensado hacer check-in para dar muestras de vida. Siempre me da por poner a hibernar el blog en invierno, y hay momentos en los que surgen asuntos paralelos que concentran toda mi atención.
La Navidad está a la vuelta de la esquina, así que es hora de volver a recopilar las perlas que me dicen de vez en cuando por el hecho de estar casada con un ciudadano chino y tener una hija “mezclada”.
Haciendo memoria, en los años que llevo con el blog se han preocupado de que no me volviera comunista, de que no secuestraran o abandonaran a mi hija mientras estuviéramos en China; se han preocupado de que ZF no estuviera conmigo para sacarse el permiso de residencia, de la segura depresión de mis suegros por tener una nieta y no un nieto, o del porcentaje de sangre china o española de nuestra “churumbela” según su apariencia. Las perlas se siguen produciendo, y me van a dar para decorar el árbol de Navidad. Aquí va una selección de las últimas:
Un vecino:
A ver si os pasáis un día a tomar café, que mi mujer quiere preguntarle a tu marido cómo se hace el arroz tres delicias.
El mismo vecino:
Me encanta la comida china, sobre todo el (sic) kimuchi
Una prima, sobre mi hija (C&P de un email):
¡Ten cuidado, a ver si solo va a hablar chino y no la voy a entender!!!!
Una amiga (la misma aficionada al “rollo japo“), sobre mi hija:
Qué guapa es tu hija, me recuerda a la Nancy japo
Como guinda, no quiero dejarme la de Alicia Machado (ex Miss Universo, futuro Nobel de la Paz, refiriéndose a las trifulcas entre las dos Coreas):
Esta noche quiero pedirles que me acompañen en una oración uno por la paz que estos ataques entre las Chinas no empeoren nuestra situación
Me guardo muchas otras para otro día
Pasadlo bien y ¡hasta la próxima! ¡Slitz bai!
Pocos negocios hay más lucrativos en China que el de la fotografía de bodas.
En España, el día de tu boda va un señor o señora, cámara en ristre, a sacar fotos mientras te casas, algunas antes o justo después, quizás frente a un sauce llorón o un estanque de patos cercano al lugar de la boda, y fotografiará a los novios con todos los familiares, por turnos. El precio final es bastante caro, como caras son las copias de las fotos del catálogo.
Si habéis estado alguna vez en China, os habrán llamado la atención los 婚纱摄影, tiendas dedicadas a la fotografía de bodas.


Lo primero que quiero resaltar es que, en China, las fotos de boda no se hacen el día de la boda. Aunque se hacen fotos ese día (que detallé en una entrada pasada), las fotos de boda propiamente dichas suelen hacerse unos pocos días antes.
La pareja acuerda con la tienda escogida los tipos de fotos que desean entre los estilos ofrecidos, el número de cuadros, copias, el enmarcado que quiere, el tamaño, si quiere fotos para llavero o en artilugios intergalácticos, el precio final (que será más barato si conoces al primo segundo del dueño…), los exteriores…
Una vez terminadas las negociaciones previas (ni la OPA sobre Endesa se discutió tanto), la pareja escoge la ropa entre los trillones de vestidos y trajes disponibles, y los decorados. Ved, ved, habitaciones y habitaciones como estas:
Los días concertados para las fotos se convierten en una maratón para todas las parejas. Están por todos lados.
Se las ve en la playa, en parques, encaramados a la Gran Muralla, de punta en blanco. Al lado, gritando órdenes, un fotógrafo y un ayudante, raudo. Cada movimiento y pose cambia a la velocidad de la luz, de tan ensayado.
¿Y quién se hace las fotos? Parejas chinas, parejas mixtas, hasta parejas de occidentales.
(Aviso: esta sección puede autodestruirse sin previo aviso)
Estas son algunas de mis fotos de boda (con ZF camuflado). A mí, que no me gusta la ropa ni maquillarme, me resultó cansado andar cambiándome (6 vestidos, con 6 peinados y maquillajes y parafernalias varias), pero sé que hay a quien le divierte mucho sentirse casi supermodelo por un día:
Las fotos de exterior las hicimos en el Lago Xuan Wu y en las murallas de Nanjing.
Lo que se ve en la foto:
Lo que no se ve:
Las fotos de interior eran tanto en decorados como con imágenes detrás, no necesariamente vestidos de Cenicienta y príncipe (como se ve más arriba). Y, cómo no, nos hicieron trillones de fotos “tradicionales”. Siempre caen:
Para mí, fue una experiencia curiosa y buena lección intensiva en partes del cuerpo (“¡pon la espalda recta, pon la mano así y el pie asá, enseña los dientes!”).
¿El precio? Dos días de fotos, un CD con nuestras fotos preferidas (unas 100), más dos CDs con las fotos descartadas (otras tantas), más varios cuadros de gran tamaño, nos salió por poco más de 300 euros (con descuento). ¡Y nos lo entregaron todo de un día para otro porque volvíamos a España! Estoy segura de que algo así nos habría costado un riñón en la patria.
Enlaces:
1.- Tirarse de espaldas en la nieve
2.- Consultar cada día el Aurora Forecast y, si toca aurora boreal, salir a verla (y hacer fotos chapuceras del momento)
3.- Subir a cualquier montaña cercana a admirar el paisaje

4.- Salir a hacer patinaje sobre hielo (sin patines)
5.- Si vives en zona Sami, salir a ver los rebaños de renos
6.- Ir a casa de tus vecinos noruegos y comerte su tarta
7.- Si no nieva, sentarte con ellos a comer afuera
8.- Visitar iglesias de madera
9.- Quedarte en casa y hacerte fotos haciendo el tonto
10.- Simplemente, mirar
… por la ventana
El racismo televisado
Vídeo, minuto 8:44: http://www.rtve.es/infantil/videos-juegos/videos/lunnis/todos/480-palillos-chinos/900352/
La moraleja del vídeo es “aprender las costumbres de otros lugares nos enriquece y nos hace más sabios”, pero para ilustrarla muestran a un muñeco amarillo, vestido como en la Dinastía Tang, y hablando de forma cómica y defectuosa sin poner ni una sola “r” en su sitio delante de unos pseudocaracteres chinos.
En otra serie en la que colabora RTVE, Marco Antonio, se redunda en estereotipos raciales: De nuevo un chino mandarín (diabólico) y un par de blackfaces que harían a más de uno resoplar:

Para mí, esto viene a mostrar lo poco duchos que estamos en España en eso de ser una sociedad mezclada. En EEUU, la experiencia como melting pot y una preocupación por la PC a flor de piel, este tipo de representaciones raciales provocarían un aluvión de críticas y la furia de asociaciones de las minorías afectadas. Aquí, seguimos cayendo en estas representaciones (inocentemente o no), pensando (si alguien nos llama la atención sobre ellas) que son bienintencionadas.
Hace dos días que sonaba la canción del Colacao en la tele, y uno que llevábamos las infames bolsas de Conguitos. Aún hoy seguimos pintando la cara de negro a un Pepe López cualquiera para hacer de Baltasar en las cabalgatas de Reyes.
Los niños no saben de diferenciaciones raciales hasta que les son inculcadas por los adultos. Aunque no creo que lo ideal sea una interpretación daltónica de una sociedad plural y mezclada, acercar a los niños al concepto de los otros de una manera tan poco elaborada y simplista dice poco de quien programa estos contenidos en la tele. Máxime porque todos somos parte de “los otros” para alguien, aunque el hecho de vivir como mayoría privilegiada en nuestro país nos impida darnos cuenta.
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