Hace tiempo me propuse dos cosas:
-Quise cancelar mi cuenta noruega porque ya no vivo allí, y ya no me resultaba práctico operar con ella. Además, ahora hay que dar cuenta de lo que uno tiene en cuentas extranjeras… Pasando, pues.
Supuse que no me resultaría sencillo cancelar la cuenta desde España, así que escribí a la central. En menos de una hora tenía una respuesta en mi email con el procedimiento. Asunto resuelto.
-Vale, después debía proceder a hacer lo más sencillo, cancelar mi cuenta en Bankia.
Pues bien: Aún no he logrado cancelar la puñetera cuenta. ¿Hordas de clientes que quieren hacer lo mismo que yo? ¿Corralito encubierto? No, no: El motivo no podría ser más absurdo.
Son ya varias las veces que he ido al Bankia de mi pueblo, papeles bajo el brazo y precedida por mi bombo mayúsculo, a proceder a la cancelación. En todas las ocasiones he tenido que darme la vuelta después de esperar un buen rato y comprobar que el ritmo de atención al cliente era de uno cada 20 minutos (eso, la cajera, que ya se sabe que los de las mesas están de adorno). Y es que en el Bankia de mi pueblo hay que esperar de pie y pedir la vez como en la pescadería.
Hoy esperaba que la sucursal estuviese hasta arriba de gente preocupada (“¡quiero cancelar la cuenta!”, “¿qué pasa con mi plazo fijo?”, “¡mi dinerooooo!”). Pero no, me he encontrado con la misma cola silenciosa de cada día, y tras veinte minutos en pie, no sabiendo si hacer un sudoku o dar a luz en la oficina aprovechando la espera, me he largado de nuevo.
¡Volveré con una silla de camping y un buen libro y lo conseguiré!
Hace 15 días que nació, en Nanjing, el primer hijo del hermano de ZF. Cuatro kilos de mozuelo.
La casualidad ha querido que el embarazo de mi cuñada y el mío transcurran casi en paralelo (yo estoy en la recta final del mío). No tiene mucha miga el tema: El proceso biológico es bien conocido por todos, y se gesta un bebé de la misma manera en una tripa española que en una china. Pero, ¿y las circunstancias de esas barrigas? A mí me ha resultado curioso ver lo diferente que es estar embarazada aquí y allá.
Salvo que sea un embarazo de alto riesgo, una mujer preñada en España hace vida normal: Se levanta, va al curro INEM, pruebas
médicas aquí y allá, limpia si es menester, conduce, satisface sus antojos si puede, se contagia de resfriados en el autobús… Vida normal, vamos.
No sé si lo que voy a relatar es propio únicamente de mi familia política o si es común a toda China. En cualquier caso, el embarazo de mi cuñada ha sido como sigue:
¿Por qué escribo esta entrada? ¿No será que me corroe la envidia, y en realidad me gustaría ser tratada como una florecilla de invernadero? Mmmm, lo cierto es que no, que prefiero la normalidad (con movilidad reducida). Imagino tener a mi suegra por aquí (“toma, sopa dulce de dátiles y semillas de loto, ideal para embarazadas”/”no cojas a la niña, que estás embarazada”/”Ya es la una cero cero cero cero: ¡a comer!”) y creo que viviría con mucha tensión.
Lo peor… Lo peor es que ZF ha iniciado los trámites para que vengan sus padres a España; que llegarán probablemente en pleno posparto, que se quedarán 3 meses… y que me temo que sabré lo que se siente al ser tenida en palmitas por mis suegros. Pronto estará mi suegra por aquí (“toma, sopa dulce de dátiles y semillas de loto, que acabas de parir”/”no cojas a la mayor, que acabas de parir”/”Ya es la una cero cero cero cero: ¡a comer!/ “Come un poco de todo, que acabas de parir”/”No te laves mucho el pelo, que acabas de parir”). Ya lo sé, lo intuyo, lo barrunto: Saltarán chispas. Seré una comodona con mucha tensión.
Continuará…
Ya lo vaticinó Reena: “Vas a seguir recibiendo correos”. Sobre emigrar a Noruega, sobre emigrar a China, sobre cómo se escribe “te amo, Pilarica” en chino.
En el caso de Noruega, la culpa es mía, por hacer un “preguntas frecuentes“. Todo el mundo piensa que su caso no cuenta como pregunta frecuente, sino que es un caso particular que necesita una atención especial.
En fin. Sólo quiero aclarar una cosa a los que me escriben:
Vivo en España
Spain. La de los recortes. La que está en crisis y no te hace un presupuesto ni a tiros. La del “sálvese quien pueda”. Nunca volveré a Noruega. De hecho, he decidido cerrar mi cuenta bancaria vikinga, la que conservaba “por si las moscas regreso”. Si la crisis nos hace abandonar el galeón español algún día, será para irnos a China (Odín quiera que esto no suceda).
Sí, me han seguido escribiendo sobre la cuestión noruega; me han escrito incluso más que antes del FAQ. Podía preverse, imagino.
Esta aclaración va para el programa de la tele que me ha escrito, para el “neurocirujano” escasamente alfabetizado que me llama fascista, para la que quiere que le haga de guía por Bergen, para los que piensan que soy una rompesueños que no quiere compartir el pastel noruego con nadie… Ya me gustaría, pero hace tiempo que no pruebo el verdens beste kake y debo conformarme con las torrijas de mi madre (que no le van a la zaga).
Tendré que hacer como Mariano y cobrar un impuesto revolucionario por consulta respondida, porque el español pide muy rápido al compatriota que use su tiempo para darle orientación, pero luego, en general, es incapaz de dedicar 15 míseros segundos en agradecer el tiempo dedicado. Y una está ocupada criando a una niña, gestando a otra, currando, sacando al perro, viendo el barco hundirse desde dentro… Vamos, lo normal.
No sé si desearos un feliz 2012 con retraso o un feliz Año del Dragón por adelantado. Que cosechéis muchos éxitos y los disfrutéis con salud.
Mi primera entrada de este año va dedicada a la locura que cometimos en 2011: Hipotecarnos. Quiero echar la vista atrás y convencerme de que hipotecarnos en un mal año para hacerlo tuvo, en nuestro caso, pies y cabeza.
ZF y yo llevábamos buscando vivienda desde 2010. Sin prisa. Sin ninguna prisa, pero activamente. Los motivos:
-Salvo que la crisis tenga algo que objetar, estaremos en España un rato largo.
-Habíamos ahorrado un buen pico.
-Vivíamos en una casa-congelador de la que queríamos salir pitando cuanto antes.
Lo primero que hicimos, antes de nada, fue calcular cuánto podríamos endeudarnos. Para esto, matemáticas, calculadoras y una pequeña ronda por algunos bancos, que decían que nos concederían hipoteca, tomando como referencia únicamente el salario de ZF y no el mío (soy autónoma y ya se sabe: feast or famine).
Lo segundo que hicimos fue delimitar los pueblos/zonas en los que viviríamos de buena gana.
A partir de ahí, estábamos pendientes de las viviendas que se iban poniendo en venta, tanto en portales inmobiliarios como a pie de calle.
Conviene recordar que el clima inmobiliario en España estaba poco halagüeño: Perspectivas de bajadas, Zapatero que anuncia que acaba con las deducciones fiscales, foros hablando de bocatas de ladrillo y de esperar a que todo baje, baje, baje…
Nosotros, a lo nuestro: Cuando aparecía un anuncio interesante, concertábamos una visita, y acudíamos a tantear el terreno. Teniendo en cuenta aspectos como ubicación, cercanía de colegios/transporte/servicios básicos, orientación de la vivienda/estancias de la casa y estado de la misma, la descartábamos… o no.
Si una vivienda nos interesaba, llamábamos al cabo de varios días y con voz de “me interesa, pero no demasiado” y hacíamos una contraoferta escandalosamente baja sobre el precio de venta.
Lo normal era que nos mandasen a paseo de forma más o menos educada. Pero, ¡sorpresa!, el dueño de la casa que más nos gustó de todas las que vimos (tenía a ZF enamoradico perdido) nos llamó al cabo de unos días… aceptando. Se había quedado viudo hacía 2 años y sus hijos estaban locos por vender la casa (que habían usado como vivienda vacacional) y repartir el dinero. Es decir, que tuvimos mucha suerte.
A partir de ahí, papeleos que merecerían entrada aparte (casi nos la juegan los de cierto banco), firmas, escrituras, reformas, compra de muebles, mudanza… Y ahora vivimos en un HOGAR por el que no tenemos que ir con cuatro abrigos en los largos inviernos serranos, con una hipoteca muy asumible gracias a los ahorros que mencioné antes.
Al margen de coyunturas y crisis y opiniones varias, actuamos conforme a nuestras circunstancias concretas… El tiempo dirá si actuamos bien o mal, pero los años que disfrutemos de esta casa no nos los quitará nadie.
Un azucarillo para quien haya llegado hasta aquí.
Comercial de Jazztel (ya saboreando la bonificación por nueva portabilidad):
Necesito los datos del titular de la línea para terminar de tramitar la portabilidad.
Olga:
Es mi marido el titular, así que toma nota. Te deletreo su nombre y apellidos: Z-F.
CdJ:
Correcto. ¿DNI?
Olga:
X1234567N.
CdJ:
Veo que es un NIE.
Olga:
Pues sí, porque es extranjero, como ya se intuía por su nombre y apellidos.
CdJ:
Entonces lamento comunicarte que tendrá que pagar 6o euros de fianza para darse de alta con Jazztel.
Olga:
¿Mande? ¿Por tener mi marido NIE en lugar de DNI tiene que pagar una fianza a Jazztel?
CdJ:
Se os devolvería al daros de baja del servicio.
Olga:
¿Y cuál es el motivo de esta fianza solo para extranjeros?
CdJ:
A veces se dan de alta turistas y se marchan a sus países sin pagar el servicio.
Olga:
Pero un turista no se tramita un NIE; sólo lo hacen los residentes. Así que esta práctica de Jazztel penaliza una posible morosidad del inmigrante legal.
CdJ:
Sé que suena muy mal.
Olga:
Tan mal, tan mal, que nosotros no vamos a continuar con el proceso de alta con Jazztel.
CdJ:
Consúltalo con tu marido, por favor. Jazztel ofrece los precios más competitivos.
Olga:
Se lo comentaré, pero ya sé su respuesta.
…………….
Más tarde:
Olga:
Mira lo que me han dicho los de Jazztel, ZF. ¿Qué te parece?
ZF:
Ni de coña me doy de alta con ellos. Prefiero pagar más a otros. ¡Y pensar que buena parte de su infraestructura es china!
…………….
A los dos días:
CdJ:
¿Olga? Soy A., el comercial de Jazztel.
Olga:
Sí, lo sé.
CdJ:
Quería decirte que he conseguido una oferta especial para vosotros, y la fianza se os devolvería a los 6 meses, una vez se haya comprobado la solvencia del titular.
Olga:
Buen intento, A., pero no es suficiente. Si me dices que habéis empezado a cobrar la misma fianza a todas las altas o se la habéis quitado a todas, aceptamos. Esto que me ofreces sigue siendo discriminatorio, así que no queremos nada con Jazztel.
ZF: Es imposible que algo así pase en China.
O: ¿Mande? Querrás decir “en ningún otro país, excepto en España”.

Se ha detenido el tiempo. Cada día amanece en una casa inhabitada por la fuerza, iluminando la capa de polvo de los muebles, cada vez más gruesa.
Antes del verano comenzamos los trámites para algo aparentemente sencillo: Que Iberdrola nos instale un contador de Gas Natural. Lo necesitamos para cocinar, tener agua caliente y calentar la casa. Sin él, no podemos mudarnos.
-Hola, sí, miren, tenemos muchas ganas de ser sus clientes y pagarles mensualmente la cantidad que nos toque. ¿Cuándo creen vuesas mercedes que podrán ponernos el contador?
La respuesta nunca varía: “Esta semana, o la que viene”. Respuesta que obtengo después de un laberinto de llamadas a diferentes departamentos (“espere, que le paso con…”). Llamadas que, por cierto, no son baratas…
(como tampoco lo fue el sobre con documentación que les mandé, urgente y certificado, y que de alguna manera no les había llegado una semana más tarde).
Sólo en España, el cliente debe rogar que le permitan ser cliente, aceptar con buen talante la pérdida de tiempo que se derive de la conversión en cliente, dar gracias por la no-atención y disculparse por importunar para obtener no-respuestas. Y esto es válido para grandes corporaciones y curritos autónomos.
¿Por qué llamarlo crisis, si no es más que una consecuencia?
Al poco de nacer mi hija, mi suegra me preguntó si la mandaría a China con ellos.
-Claro, alguna vez iremos.
Luego me aclaró que se refería a dejar a la niña con ella mientras nosotros estábamos en España, “criar a un hijo sola es muy difícil”, dijo.
Mi cerebro estuvo un rato tratando de procesar la idea. “¿Me está proponiendo que ellos nos la críen en China? ¡No puede ser! Debo haber entendido mal”.
-Mira -me contó-, cuando ZF tenía dos años y su hermano cuatro, los mandé a un internado, ¡yo tenía mucho trabajo! Luego, cuando empezaron el colegio, se fueron a vivir con su abuela, que vive más cerca del colegio. Los veía los fines de semana.
(“Sí, definitivamente he entendido bien”).
Mi boca declinó la propuesta cordialmente.
-Gracias… Prefiero que la criemos sus padres.
Al llegar a China, es corriente ver a abuelos ocupándose de los nietos como cuidadores primarios. Poco después del mes posparto del que hablo en una entrada anterior, toca volver al trabajo. Es entonces cuando entran en juego los abuelos, que perciben la crianza del nieto como su obligación para con sus hijos.
Gracias a la política del hijo único, además, nos encontramos a dos pares de abuelos con un único nieto al que criar.
Por el día, se ve a los abuelos cuajando plazas y parques, o llevando a los nietos a las zonas de juegos del KFC (¿he dicho ya que en Nanjing no hay ni un puñeteto parque infantil público? ¡Todos los columpios son para ancianos!). Se ocupan del pequeño desde que es casi recién nacido con dedicación absoluta.
Tampoco es inusual que los nietos vivan con los abuelos. A veces es por necesidad, o porque los abuelos viven cerca de un colegio mejor. Otras veces es por inercia.
Un primo de ZF tuvo una niña hace dos años (la tuvo su esposa, se me entienda). Al mes la dejó con su madre y se marchó con su mujer a estudiar a Tokio (allí siguen).
En Madrid, conocemos ya a varias parejas chinas que, no teniendo necesidades económicas, prefieren traer a su hijo a China mientras ellos están en España y que se lo críen los abuelos.
Si bien no puede sacarse una estadística de la experiencia personal, sí que he podido percibir algunas diferencias.
No es poco corriente que los abuelos en España cuiden de los nietos mientras los padres trabajan, pero sí me parece poco corriente que los abuelos españoles se queden a los nietos el 100% del tiempo.
Mi madre tiene 50 años, está como una rosa y disfruta mucho de su nieta, pero creo que si le dijera que le dejo a la cría y me voy a vivir a las Feroes, me mandaría a freír morcillas (con razón, creo yo). Por otra parte, aunque estoy segura de que lo haría bien (nos ha criado a mi hermano y a mí y somos más o menos normales), no sería justo para ella y, para qué negarlo, yo tampoco haría algo semejante salvo obligada por unas circunstancias muy extremas.
Mi suegra tiene algo más de 60, tiene artrosis en la rodilla y anda malamente. Mi suegro está delicado de salud. Aún así, se han mudado entre semana a la casa de mi cuñada, una muchacha tibetana que está embarazada de casi 3 meses. Le preparan la comida y limpian la casa. Se quedarán allí hasta que lleguen los padres de ella desde LinZhi. Cuando nazca el crío, ¿qué pasará?
Desde luego, las relaciones familiares son un mundo de un país a otro. Sigo luchando para comprenderlas.
Continuará…
Llevo días tratando de no entrar demasiado por aquí, no vaya a ser que me de por retratar la situación de forma demasiado sincera.
Por otro lado, estaba el riesgo de ponerme a escribir sobre cualquier pequeñez cotidiana, y que el tono me delatase. Probablemente es lo que acabará ocurriendo, así que más me vale poner negro sobre blanco lo que se me pasa por la cabeza.

Lo admito: Me arrepiento. No sé en qué momento ni de qué manera comentamos la posibilidad de pasar tanto tiempo aquí con mis suegros y dejó de parecerme absurdo para parecerme lógico.
En primer lugar, citemos lo más importante: La peque. A mi hija le da lo mismo estar en Nanjing o en Villaconejos (sólo tiene dos años y cuatro meses). Francamente, ni mis suegros ni Nanjing están siendo muy compatibles con ella. Los primeros, porque a pesar de su amor por mi hija, se apañarían para poner de los nervios a un Buda de plástico: Se ahogan en un vaso de chupito. Ven situaciones potencialmente mortales en cualquier situación doméstica. En cuanto a Nanjing, porque es tan compatible con un crío como una maratón de pelis de Nacho Vidal.
En segundo lugar, no era buen momento. Como he escrito hace poco, somos unos recientes hipotecados, y mis proyectos profesionales no son muy compatibles con estar aquí, en China, usando el ordenador capado de mi suegra.
Quince días en España, y no puedo.
No puedo abrir el WordPress y sacudir el polvo a las entradas que tengo en borrador, ni mucho menos enfrentarme a una página en blanco.
Pondré excusas: La mudanza, el ajetreo diario, bla, bla, bla…
Titulé el post “Peregrina”, no por ser “persona que anda por tierras extrañas”, sino porque el haber hecho las maletas y plantarme en Nanjing se me antojaba una idea peregrina cuando comencé esta entrada.
Me lo sigue pareciendo.
Volveré en cuanto lo supere… digo, en cuanto terminemos la mudanza.
(Vaya, así a lo tonto le he quitado el polvo a una entrada que tenía en borrador).
El sábado fuimos a Anhui, una provincia vecina.
En el mapa, si es que se muestra la imagen, podemos ver que Anhui queda a un tiro de piedra de Nanjing.
¿Qué se nos perdió allí, en medio de las alertas de tifón?
En Anhui se encuentra la famosísima Huangshan, Montaña Amarilla, cuyos paisajes escarpados suelen ilustrar más de una o dos ensoñaciones sobre cómo debe ser China.

Pero nosotros no hemos ido a hacer turismo, ni a ver Huangshan.
Si sabéis algo del mercado inmobiliario chino, estaréis al tanto de que lo suyo no es una burbuja, sino un zeppelin. Y cuando las burbujas se instalan en las ciudades, ¿qué hacen los habitantes de la ciudad?
Comprar casas en zonas limítrofes.
Anhui es la Seseña de Nanjing.
Y mi suegra ha decidido colaborar en la burbuja china comprando una casa en Anhui; una de las muchas, muchas viviendas que están construyendo en la zona que limita con Nanjing.
Por supuesto, sin hipoteca, que para eso usa el método de financiación chino.
Lo importante, de todas maneras, es que sobrevivimos a un viaje de locos. Imaginad autobuses adelantando camiones en una autopista de dos carriles, con tráfico viniendo de frente… y comenzaréis a entender lo que es el tráfico en este país.
Alabado sea el Señor (de esta, me hago creyente).
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