Al poco de nacer mi hija, mi suegra me preguntó si la mandaría a China con ellos.
-Claro, alguna vez iremos.
Luego me aclaró que se refería a dejar a la niña con ella mientras nosotros estábamos en España, “criar a un hijo sola es muy difícil”, dijo.
Mi cerebro estuvo un rato tratando de procesar la idea. “¿Me está proponiendo que ellos nos la críen en China? ¡No puede ser! Debo haber entendido mal”.
-Mira -me contó-, cuando ZF tenía dos años y su hermano cuatro, los mandé a un internado, ¡yo tenía mucho trabajo! Luego, cuando empezaron el colegio, se fueron a vivir con su abuela, que vive más cerca del colegio. Los veía los fines de semana.
(“Sí, definitivamente he entendido bien”).
Mi boca declinó la propuesta cordialmente.
-Gracias… Prefiero que la criemos sus padres.
Al llegar a China, es corriente ver a abuelos ocupándose de los nietos como cuidadores primarios. Poco después del mes posparto del que hablo en una entrada anterior, toca volver al trabajo. Es entonces cuando entran en juego los abuelos, que perciben la crianza del nieto como su obligación para con sus hijos.
Gracias a la política del hijo único, además, nos encontramos a dos pares de abuelos con un único nieto al que criar.
Por el día, se ve a los abuelos cuajando plazas y parques, o llevando a los nietos a las zonas de juegos del KFC (¿he dicho ya que en Nanjing no hay ni un puñeteto parque infantil público? ¡Todos los columpios son para ancianos!). Se ocupan del pequeño desde que es casi recién nacido con dedicación absoluta.
Tampoco es inusual que los nietos vivan con los abuelos. A veces es por necesidad, o porque los abuelos viven cerca de un colegio mejor. Otras veces es por inercia.
Un primo de ZF tuvo una niña hace dos años (la tuvo su esposa, se me entienda). Al mes la dejó con su madre y se marchó con su mujer a estudiar a Tokio (allí siguen).
En Madrid, conocemos ya a varias parejas chinas que, no teniendo necesidades económicas, prefieren traer a su hijo a China mientras ellos están en España y que se lo críen los abuelos.
Si bien no puede sacarse una estadística de la experiencia personal, sí que he podido percibir algunas diferencias.
No es poco corriente que los abuelos en España cuiden de los nietos mientras los padres trabajan, pero sí me parece poco corriente que los abuelos españoles se queden a los nietos el 100% del tiempo.
Mi madre tiene 50 años, está como una rosa y disfruta mucho de su nieta, pero creo que si le dijera que le dejo a la cría y me voy a vivir a las Feroes, me mandaría a freír morcillas (con razón, creo yo). Por otra parte, aunque estoy segura de que lo haría bien (nos ha criado a mi hermano y a mí y somos más o menos normales), no sería justo para ella y, para qué negarlo, yo tampoco haría algo semejante salvo obligada por unas circunstancias muy extremas.
Mi suegra tiene algo más de 60, tiene artrosis en la rodilla y anda malamente. Mi suegro está delicado de salud. Aún así, se han mudado entre semana a la casa de mi cuñada, una muchacha tibetana que está embarazada de casi 3 meses. Le preparan la comida y limpian la casa. Se quedarán allí hasta que lleguen los padres de ella desde LinZhi. Cuando nazca el crío, ¿qué pasará?
Desde luego, las relaciones familiares son un mundo de un país a otro. Sigo luchando para comprenderlas.
Continuará…
Llevo días tratando de no entrar demasiado por aquí, no vaya a ser que me de por retratar la situación de forma demasiado sincera.
Por otro lado, estaba el riesgo de ponerme a escribir sobre cualquier pequeñez cotidiana, y que el tono me delatase. Probablemente es lo que acabará ocurriendo, así que más me vale poner negro sobre blanco lo que se me pasa por la cabeza.

Lo admito: Me arrepiento. No sé en qué momento ni de qué manera comentamos la posibilidad de pasar tanto tiempo aquí con mis suegros y dejó de parecerme absurdo para parecerme lógico.
En primer lugar, citemos lo más importante: La peque. A mi hija le da lo mismo estar en Nanjing o en Villaconejos (sólo tiene dos años y cuatro meses). Francamente, ni mis suegros ni Nanjing están siendo muy compatibles con ella. Los primeros, porque a pesar de su amor por mi hija, se apañarían para poner de los nervios a un Buda de plástico: Se ahogan en un vaso de chupito. Ven situaciones potencialmente mortales en cualquier situación doméstica. En cuanto a Nanjing, porque es tan compatible con un crío como una maratón de pelis de Nacho Vidal.
En segundo lugar, no era buen momento. Como he escrito hace poco, somos unos recientes hipotecados, y mis proyectos profesionales no son muy compatibles con estar aquí, en China, usando el ordenador capado de mi suegra.
Quince días en España, y no puedo.
No puedo abrir el WordPress y sacudir el polvo a las entradas que tengo en borrador, ni mucho menos enfrentarme a una página en blanco.
Pondré excusas: La mudanza, el ajetreo diario, bla, bla, bla…
Titulé el post “Peregrina”, no por ser “persona que anda por tierras extrañas”, sino porque el haber hecho las maletas y plantarme en Nanjing se me antojaba una idea peregrina cuando comencé esta entrada.
Me lo sigue pareciendo.
Volveré en cuanto lo supere… digo, en cuanto terminemos la mudanza.
(Vaya, así a lo tonto le he quitado el polvo a una entrada que tenía en borrador).
El sábado fuimos a Anhui, una provincia vecina.
En el mapa, si es que se muestra la imagen, podemos ver que Anhui queda a un tiro de piedra de Nanjing.
¿Qué se nos perdió allí, en medio de las alertas de tifón?
En Anhui se encuentra la famosísima Huangshan, Montaña Amarilla, cuyos paisajes escarpados suelen ilustrar más de una o dos ensoñaciones sobre cómo debe ser China.

Pero nosotros no hemos ido a hacer turismo, ni a ver Huangshan.
Si sabéis algo del mercado inmobiliario chino, estaréis al tanto de que lo suyo no es una burbuja, sino un zeppelin. Y cuando las burbujas se instalan en las ciudades, ¿qué hacen los habitantes de la ciudad?
Comprar casas en zonas limítrofes.
Anhui es la Seseña de Nanjing.
Y mi suegra ha decidido colaborar en la burbuja china comprando una casa en Anhui; una de las muchas, muchas viviendas que están construyendo en la zona que limita con Nanjing.
Por supuesto, sin hipoteca, que para eso usa el método de financiación chino.
Lo importante, de todas maneras, es que sobrevivimos a un viaje de locos. Imaginad autobuses adelantando camiones en una autopista de dos carriles, con tráfico viniendo de frente… y comenzaréis a entender lo que es el tráfico en este país.
Alabado sea el Señor (de esta, me hago creyente).
Hoy hemos tenido nuestra última clase del intensivo. Por primera vez en mi vida le he sacado partido a un curso “normal” de chino.
El curso lo impartía la Universidad Normal de Nanjing (así se llama, sí).
Teníamos dos profesoras que eran el día y la noche: Una era aficionada al método gramatical (la que escribió en la pizarra de arriba; si sabes chino lo habrás notado) y otra al método comunicativo. Íbamos a lección por día, así que era imposible dormirse en los laureles.
Además, a pesar de los distintos orígenes de los compañeros (los únicos occidentales éramos dos norteamericanos y yo; el resto, dos coreanas y una japonesas) creamos un grupo bastante majo.
En estos momentos de despedidas, siempre me da por pensar que con toda probabilidad nunca volveré a verlos, y me invade una sensación extraña.
A pesar de que según escribo esto ando con 38.5 de fiebre, quiero dejar constancia de que no todo lo veo en negativo con estos dos meses en Nanjing:
Bueno, creo que estos puntos sirven como resumen.
¡Buen finde!
Podría parecer exagerado, y no lo sería, si escribo que llevo las tres semanas desde que llegué sin ver ni un mísero resquicio del azul del cielo.
Nanjing está en zona subtropical-húmeda. Sumemos a eso que estamos en pleno delta del Yangtzé, y tanto la ciudad de Nanjing como buena parte de la provincia de Jiangsu están surcadas por ríos y riachuelos de distintas dimensiones. Sumemos, además, que estamos en época de lluvias o Meiyu.
Quizás se entienda ahora que la ciudad, en esta época, aparece cubierta por una neblina constante que se extiende más allá de los límites de la ciudad. Es vapor mezclado con no quiero saber qué más.
La lluvia hace acto de presencia día sí, día también… Y que así sea, porque en cuanto el Monzón se aburra de Nanjing las temperaturas se dispararán hasta límites poco soportables.
Nanjing, o vivir en una sauna colosal.
Mis suegros se afanan en hacernos entretenida la estancia.
Yo no sé ya cómo decirles que gracias, pero no.
En primer lugar, desde el punto de vista de alguien que recibe una visita, pocas cosas hay más puñeteras que tener que andar haciendo de lazarillo, día tras día.
En segundo lugar, porque dado que a mi hija le da lo mismo Nanjing que Villaconejos, y ya que la he sometido a un viaje a todas luces demasiado largo para una cría, prefiero ahorrarle el trajín de buses por esta ciudad de 8 millones de habitantes.
En tercer lugar porque, seamos francos, tengo Nanjing bastante visto.
…
El domingo no se le ocurrió otra cosa a mi suegro que llevarnos al Museo de la Masacre de Nanjing. Pavoroso y conmovedor, igual que en la visita anterior que hice. Claro, ahora voy con una niña en brazos, así que agradecería visitas menos ambiciosas. Al menos, una que no consista en ver fosas comunes y fotos de cadáveres de niños y adultos.
Me quedan 2 meses y medio para convencerle, de una vez por todas, de que nos apañamos con lo que nos ofrece el barrio.
(Nanjing, te cambio el Templo de Confucio entero por un mísero parque con un tobogán).
Continuará…
Hemos sobrevivido a dos vuelos (casi infernales) y a nuestros primeros días en Nanjing.
Esta entrada es la prueba de que seguimos con vida, y de que aquí seguiremos hasta finales de agosto (si es que el tráfico loco de Nanjing no nos mata antes).
Además (sobre todo, diría yo), esta entrada es un pequeño experimento para ver si consigo publicar en el blog de carambola, ahorrándome asi el dinero que cuestan las onmipresentes VPN para saltarse el Great Firewall* chino. Puedo estar tres meses sin Facebook o sin Youtube. Twitter? Que le den. Los blogs que leo, los tengo en el Google Reader fresquitos cada mañana, aunque no pueda comentar en ellos. Ahora bien, tres meses sin contar mis aventuras chinas y desventuras con la suegra? Imposible.
Veamos si funciona.
Continuará…
*Me es imposible conectar con ningun blog de WordPress o Blogger. En cuanto a los de WordPress de alojamiento propio, aun no se si es el Great Firewall o el Suegril Firewall lo que me impide verlos.
PDT: He hecho lo que he podido con las eñes y tildes.
Eso es lo que nos queda para irnos (salvo que el señorito de arriba tenga algo que objetar).
Después de renovar el pasaporte de la peque y solicitar nuestros visados hace una semana, ayer por fin fui a recogerlos y, ¡alabado sea el consulado!, estaba BIEN (para variar). Me temblaban las piernas hasta que comprobé que habían consignado bien la duración del visado (90 días).
Ya estoy mentalizada, pensando en cómo mejorará mi chino, en los 40 kilos que voy a perder, y en el cargamento de juguetes que necesito llevar para entretener a mi hija en el vuelo.
Los 60 kgs. de equipaje, no obstante, se los quedará mi suegra con sus peticiones:
Como me abran la maleta los de la aduana van a alucinar.
Continuará…
Por si alguna duda quedaba de mi estado de locura transitoria (os recuerdo: he vuelto a hacerme autónoma), aquí ofrezco una nueva prueba del mismo (la prueba definitiva, no obstante, vendrá en la próxima entrada). A saber:
Nos vamos a China
Con mis suegros
Solas (la peque, de dos años, y yo)
Al menos un par de meses
Si la última vez que vi a mis suegros acabé hablando con soltura de los tipos de bifidus de los yogures, tras estos dos meses que me esperan a solas con ellos podré hablar chino mejor que Da Shan.
Nos queda un mes para irnos.
(Continuará…)
A raíz de la publicación de un articulito en el WSJ sobre la superioridad de las madres chinas (mucho habría que matizar sobre el artículo en sí y sobre el libro de Amy Chua que publicita, pero no seré yo quien lo haga), se nos da un supuesto decálogo de cómo criar hijos “a la china”, a saber:
Si quieres que tus hijos sean unos ases, no les permitas…
Dormir fuera de casa. Quedar con los amiguitos para jugar. Participar en una obra de teatro del colegio. Protestar por no estar en la obra de teatro del colegio. Ver la tele o usar el ordenata. Elegir sus propias actividades extraescolares. Sacar una nota que no sea sobresaliente No ser el número uno en todas las asignaturas (excepción: gimnasia y teatro). Tocar un instrumento que no sea el violín o el piano. No tocar el violín o el piano.
El artículo se ha ido extendiendo por la red de forma imparable. De manera bastante previsible, nos lanzamos todos a escribir cómo la forma de crianza china es una barbaridad y cómo la nuestra (por opuesta, por distinta, por judía) es la mejor. El sinófobo aprovecha para meter el típico comentario sobre la amenaza amarilla que cría robots, y el sinófilo para lanzar una oda a los padres chinos. Y yo me pregunto:
Lo único claro en todo este lío es que Amy Chua va a vender su libro como petardos en la Nit de l’Albà, y que no hay nada más insoportable que un padre dando lecciones a otros de cómo serlo o no serlo.
¿Qué tal vuestra entrada en el 2011?
La nuestra no ha podido ser peor: Todos enfermos. Esto no es sino una buena noticia, porque a partir de ahora las cosas sólo pueden mejorar.
Ahora mismo tengo dos bebés en la casa: Una de 22 meses en el salón, y otro de 31 años en la cama (que se queja por su resfriado como si estuviese dando a luz a una cría de brontosaurio).
Comentarios