Noruega es otra cosa en primavera.
Acabo de volver de Kjerringøy, donde he pasado unos momentos inolvidables por gentileza de una ex-alumna (ahora sí). Kjerringøy es un lugar perdido en el norte de Noruega, pero también tuvo su época de esplendor a mediados del siglo XIX.
Lo que antes era un centro neurálgico del comercio de toda la provincia de Nordland es ahora un pueblo con apenas un puñado de habitantes. Sólo puede llegarse aquí con ferry (o nadando, si te atreves).
Kjerringøy conserva el encanto de los lugares en los que parece haberse detenido el tiempo. La naturaleza de los alrededores es… indescriptible. Ayer mismo nadaba por la costa un grupo de más de diez ballenas.
Me quedan 20 días para volver a España. Como recuerdo me llevo varios meses de insomnio, una quemadura de 10cm en el brazo (¡nunca te pongas en manga corta si vas sobre dos ruedas!) y un montón de experiencias de las que podré hablar un día a mis nietos.
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