Trato de aprovechar la visita de mis suegros para aprender de ellos.
Las circunstancias nos han llevado a tener que pasar un mes solos (suegros, peque, servidora). Mi suegra sabe decir ya “hola, adiós, gracias” en español. Tenemos la nevera llena de vegetales chinos y la despensa llena de arroz. Por lo demás, mi día a día transcurre como si estuviera en Nanjing, con la salvedad de que no sufrimos ese calor húmedo y pegajoso que tienen allí en verano, que no tenemos tele china (ni española), y que de vez en cuando experimentan con la gastronomía española.
Hablábamos el otro día mi suegra y yo sobre la salud de mi suegro. Mi suegra me decía:
En China decimos que la salud es un uno (1) y va siempre en primer lugar. Después tienes todas las demás cosas de tu vida (el trabajo, la familia, lo que sea), que son ceros, y se organizan según las prioridades después de ese primer uno. Sin salud, sin el primer uno, todo lo demás no tiene ningún valor. Por eso decimos que la salud es lo más importante.
Quizás no me decía eso exactamente, y yo sólo reconstruía lo que las frases en un nanjinés vertiginoso parecían decir, como una versión a lo grande del “teléfono roto”. En ese momento imaginaba un “cheque mental”, con su uno (“la salud”), y pensaba cómo organizo yo mis “ceros”, mis otras prioridades.
Está bien reflexionar de vez en cuando sobre qué buscamos en la vida, qué es lo más importante, qué nos sobra, qué debemos ordenar de nuevo.
Creo que dejaré esta entrada inacabada. He decidido que, ahora mismo, mi prioridad es ver un capítulo de algún culebrón taiwanés para adolescentes.
Pues sí la salud es lo primero, aunque a veces lo olvidamos. Ahora tengo un curro que me lo recuerda día a día. Quizá sea un aviso.
Un abrazo