Dos semanas sin escribir.
Nanjing me ha fagocitado. Llevo bastante sin dar muestras de vida, y ni ganas que tengo. Unos días rozamos los 40 grados y el 80% de humedad, y otros tenemos lluvias torrenciales, que más que gotas de lluvia parece que alguien se haya dejado el grifo abierto por allá arriba.
Como novedad, para ayudarme a que la sensación del paso del tiempo fuese más liviana, me apunté a un intensivo de chino que ya hemos comenzado hace varios días. Nos están dando una caña bárbara, así que el poco tiempo que me queda -cuando la peque duerme- me toca empollar.
El curso lo organiza una de las universidades de Nanjing. El campus es precioso, y cuando llego a clase, con el gallo de la mañana, me encuentro invariablemente a los viejecitos haciendo ejercicio en los jardines, y ropas tendidas en los árboles…
En cuanto al día a día, trataré de ser diplomática y limitarme a admitir que tengo ganas de regresar, dejar de comer arroz a todas horas y verduras salteadas con verduras, poder ir en bragas por mi casa y hacer y deshacer como la mujer adulta que soy. Y aunque Madrid me gusta poco, nunca más volveré a decir que “Madrid son 9 meses de invierno, 3 de infierno”, porque siempre recordaré el verano de Nanjing, y cualquier otro contexto me parecerá deseable, en comparación.
Hasta el próximo desahogo.
Comencé a aprender chino en 2004.
En todo este tiempo, he probado todos los métodos habidos y por haber para aprender chino, y he llegado a algunas conclusiones sobre las mejores formas de aprender esa lengua diabólicamente compleja (y hermosa al mismo tiempo), el chino:

Acudir a la E.O.I ha sido un método de aprendizaje de chino poco útil para mí. Ya había “probado” en la EOI con el alemán en anteriores años, más jovencita y con mejores resultados. Esta vez, mi experiencia previa como aprendiz y profesora de lenguas me pesó como una losa. Cosas que no me gustaron de estudiar chino en la EOI:
Le doy dos estrellas porque a mí no me sirvió mucho en mi aprendizaje del chino.

Para que este método funcione hace falta que la motivación esté por las nubes y, a poder ser, tener algo de experiencia previa aprendiendo lenguas. En mi caso, funcionó bien. Lo que yo hice:
Le doy tres estrellas, porque me resultó una forma de aprender chino bastante eficaz, siempre en combinación con las que siguen ahora:
Este método engloba las películas, series, televisión y música/karaoke en chino. Yo era mucho de escuchar música fuertecilla y presumir de ver pelis intelectualoides… hasta que me puse a aprender chino y le cogí el gustillo al mandopop y a los culebrones taiwaneses (hasta el punto de dedicar un blog enterito a ambas aficiones).
Para el éxito del método audiovisual, es útil conocerse como aprendiz de lenguas. ¿Tienes buena memoria visual? ¿Te quedas bien con lo que oyes una y otra vez? (eso que en las teorías didácticas se llama estilos de aprendizaje). Si es así, es probable que te funcione ponerte a escuchar música en mandarín con sus letras delante, o bien ver alguna peli con subtítulos.
Advertencias:
Le doy cuatro estrellas, porque no siempre se aprende, pero un@ se alegra la vista.

Si tienes pareja china y crees que te va a servir para aprender mandarín (o el idioma que sea), despierta de tu sueño y enfréntate a la realidad: Tu novio no tiene tiempo, ni ganas, ni paciencia para enseñarte.
Le doy una estrella, porque la pareja es un factor que motiva para aprender un idioma, pero sin hacer esfuerzo por otros lados, uno no pasa de decir “hola, adiós, cerveza, gracias”.

Este método es fantástico y los resultados están asegurados: La mejor forma de aprender una lengua como el chino es ir a territorio en el que se hable chino y que te rodee por todos lados, todos los días, a todas horas. Si lo combinas con clases y estudio personal, acelerarás la cosecha de resultados de 150 años a 5 (aproximadamente).
Nota: Este método queda invalidado si vives en un gueto guiri y sólo te juntas con extranjeros como tú.
Cinco estrellas.


Es El Método. Todos los demás palidecen en eficacia en comparación: Un día con tus suegros equivale a varios meses en la EOI; un mes con tus suegros, al visionado de 5 series taiwanesas completas (tomando apuntes). Parece ir a la par con el “método novio/marido instructor”, pero nada más lejos de la realidad.
Advertencia: A este método le doy 10 estrellas, pero puede provocar insomnio y locura transitoria. Recúrrase a él con moderación y consulte con su farmacéutico.
Estar dos días metida en un barco, viendo pasar islas y montañas (y mareándome de vez en cuando) ha sido toda una cura.
Lo mejor del viaje ha sido sin duda éso: el viaje. El camino recorrido, más que el tiempo que pasé en mi destino.
En Tromsø estuve en un seminario sobre didáctica. Según las estadísticas, el número de profesores de idiomas menores de 30 años que no tienen ningún tipo de formación en Noruega es del 70% (siendo generosa, pues no quiero especificar demasiado).
No sólo eso: Sólo 6 meses/un año de preparación te “capacita” para enseñar español/ruso/inglés/lo-que-sea en colegios e institutos. Los requisitos para ser profesor son mucho menores para colegios que para institutos.
Por ejemplo, puedes hacer un curso de 6 meses de “Introducción al ruso” y, al salir, siendo apenas capaz de hilar dos palabras, puedes enseñar ruso.
Muchas personas reclaman que el tiempo de preparación sea más amplio: Son, precisamente, los que más se dan cuenta de sus carencias. Estas personas se preocupan por reciclarse, por mejorar su conocimiento de la materia, etc. Otras, en cambio, las que acuden a los cursos sin ganas de aprender “ruso”, pero con muchas ganas de entrar en el mundo laboral, se irán a su isla perdida y conseguirán un puesto fijo como docentes, sin que nadie pueda sospechar si están capacitados o no -tal es la necesidad de profesionales que tienen.
Viene a mi cabeza la pregunta de siempre: ¿Qué es ser un buen profesor? La primera respuesta que se me ocurre, es que ser profesor es tener unos conocimientos y saber transmitirlos.
Hay personas que no saben (no sabemos) transmitir, aunque de nuestra pared cuelguen títulos variopintos que, en teoría, nos capacitan para ello. También hay personas de gran sabiduría que no tienen el don de compartir lo que saben. Por último, hay personas que, aunque no tengan títulos en su pared, saben mucho de algo (lo han aprendido en la escuela de la vida) y son unos profesores geniales.
Ahora bien, cuando una persona carece de los conocimientos de una materia, ¿qué es lo que pueden transmitir a los alumnos? Me pregunto una y otra vez qué hacen esos profesores en sus pequeñas islas durante sus clases.
No quiero extenderme más sobre este tema, ni relatar las historias de horror que me han contado otros profesores. Me quedo con el lado bueno: Con la voluntad de cambiar la situación que reina, y con la actitud de los que saben que uno siempre es un aprendiz, aunque en la puerta de nuestro despacho ponga “maestro”.
…y no porque lo que tenga que decir sea más bello que el silencio (ver post precedente), sino porque aquí poco tengo que hacer, aparte de ver la lluvia caer.
¿Cuánto tiempo he estado ausente? Un embarazo, prácticamente. Mucho ha cambiado en este tiempo.
Vivo en el norte de Noruega… Una oferta laboral que no pude rechazar. Pensaba que regresar a Noruega me haría retomar mi gusto por lo nórdico, pero de alguna manera no ha podido reemplazar mis inclinaciones por lo chino. Cuando no estoy trabajando, estudio chino, escribo chino, o me trago culebrón tras culebrón taiwanés con un gusto tremendo.
Mi novio está en España. Y mi perro.
En esta nueva etapa supongo que no podré hacer mucho más que centrarme en las pequeñeces que me ocurren, y quejarme del frío que paso.

Este es el escenario en el que transcurre ahora mi vida. Calma chicha.
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