Mis disculpas: Este “artículo” también versa sobre periodismo, tema del que sé poquísimo, y sobre el que me permito el lujo de opinar.
Se trata de la exposición clara y concisa por parte del periodista o el responsable de una columna, de las ideas, opiniones o juicios propios , expuestos en forma crítica a la opinión pública.
(Del lat. iudicĭum).
1. m. Facultad del alma, por la que el hombre puede distinguir el bien del mal y lo verdadero de lo falso.
2. m. Estado de sana razón opuesto a locura o delirio. Está en su juicio. Está fuera de juicio.
3. m. Opinión, parecer o dictamen.
4. m. Seso, asiento y cordura. Hombre de juicio.
El siguiente artículo de opinión (gracias al enlace de Zaichina) viene a demostrar que en los artículos de opinión caben los juicios del opinante, pero también los prejuicios. Y demuestra que dichos prejuicios pueden encontrar resonancia y ser publicados en un periódico de tirada nacional.
Se titula La bomba china y está firmado por un tal Alfonso Rojo para ABC. Mi intención no es perder mi tiempo analizándolo, pero es de una comicidad extrema: El periodista consigue de manera magistral reunir en unas líneas buena parte de los bulos que circulan a pie de calle sobre China/inmigrantes. La diferencia estriba en que estos prejuicios, verdades a medias o falsedades enteras nos los encontramos en el ABC elevados a la categoría de “verdad”, y no en la tasca de la esquina.
Vamos allá:
La bomba china
Lo de China no es que inquiete; espanta.
Olvídense de esa leyenda urbana según la cual la razón por la que nunca vemos esquelas de chinos en los periódicos es porque trocean delicadamente a los que fallecen y los echan al chop-suey
Algo chirría en las estadísticas (…) cada día encontramos más asiáticos detrás de los mostradores de los todo a 100 y en los restaurantes étnicos, lo que alimenta la tesis de que se cuelan por el aeropuerto de Barajas a mogollón, aprovechando que a los ojos de un occidental casi todos se parecen.
Cosas aparte, lo de China es para echarse a temblar.
Bien, dejemos a los chinorris y a sus muertos, y vayamos al plato principal: China. Agarrémonos los machos:
El país, el más grande de Asia y el más poblado del mundo, es ya el primer consumidor de energía del planeta, por delante de los mismísimos Estados Unidos.
Entre los récords que ostenta, destaca (…) como no podía ser de otra manera, en accidentes laborales, desastres ecológicos y epidemias raras.
Si sólo fuera lo anterior, uno podría respirar, pero es que también es el país con mayor número de ejecuciones al año. (…) cada año se apiolan a unos 1.700 desventurados. Casi siempre de un balazo en la nuca, que paga la familia del condenado, para ahorrar.
En fin, todo un muestrario de sabiduría popular en unas líneas (por cuya excreción es pagado el periodista, suponemos). Pero no quiero equivocarme: Estoy segura de que antes de publicar nada, obtuvo todos los datos estadísticos de la mano del mismo Hu JinTao (China no suelta prenda con nadie, pero con él seguro que sí lo hizo), y además se pateó los restaurantes “étnicos” (sic) de España entera para comprobar que, los cada vez más abundantes chinitos, están riquísimos en el chop suey.
Quizás alguien recuerde que, hace unos meses, nos propusimos traer a mis suegros a España -de visita.
Al final, nos hartamos de la odisea de papeles y pensamos que, sin duda, tardaríamos menos yendo nosotros mismos a China que en completar el papeleo para ellos. Así fue.
Retomemos el tema donde lo dejamos. Si deseas traer un extranjero a España, tienes dos opciones:
Esta vez vamos a recurrir a la segunda opción. Nos costará algo de dinero, pero ahorraremos. Tiempo.
???
De hecho, de mi experiencia hace unos años trabajando en una gestoría especializada en inmigrantes chinos, y otro tanto sacándome las castañas del fuego como autónoma, sé bien de qué se nutren este tipo de negocios (gestorías, consultorías, etc):
Precisamente se nutren de la opacidad de los términos, del número ingente de trámites y formularios para la cosa más sencilla; se nutren de las montañas de papeles y horas haciendo cola de funcionario en funcionario, y de las mañanas perdidas de las que un trabajador, simplemente, no dispone. Si los trámites son opacos para un español medio, para un extranjero con un conocimiento limitado del español son, simplemente, un amasijo laberíntico de palabras y certificados. Así acaban pasando las cosas que pasan, y unos pocos sacan provecho de la necesidad ajena (de eso se tratan los negocios, los turbios y los menos turbios).
Estoy divagando. En fin, que volvemos a intentarlo. Operación Suegros, parte II.
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