A raíz de la publicación de un articulito en el WSJ sobre la superioridad de las madres chinas (mucho habría que matizar sobre el artículo en sí y sobre el libro de Amy Chua que publicita, pero no seré yo quien lo haga), se nos da un supuesto decálogo de cómo criar hijos “a la china”, a saber:
Si quieres que tus hijos sean unos ases, no les permitas…
Dormir fuera de casa. Quedar con los amiguitos para jugar. Participar en una obra de teatro del colegio. Protestar por no estar en la obra de teatro del colegio. Ver la tele o usar el ordenata. Elegir sus propias actividades extraescolares. Sacar una nota que no sea sobresaliente No ser el número uno en todas las asignaturas (excepción: gimnasia y teatro). Tocar un instrumento que no sea el violín o el piano. No tocar el violín o el piano.
El artículo se ha ido extendiendo por la red de forma imparable. De manera bastante previsible, nos lanzamos todos a escribir cómo la forma de crianza china es una barbaridad y cómo la nuestra (por opuesta, por distinta, por judía) es la mejor. El sinófobo aprovecha para meter el típico comentario sobre la amenaza amarilla que cría robots, y el sinófilo para lanzar una oda a los padres chinos. Y yo me pregunto:
Lo único claro en todo este lío es que Amy Chua va a vender su libro como petardos en la Nit de l’Albà, y que no hay nada más insoportable que un padre dando lecciones a otros de cómo serlo o no serlo.
Mis disculpas: Este “artículo” también versa sobre periodismo, tema del que sé poquísimo, y sobre el que me permito el lujo de opinar.
Se trata de la exposición clara y concisa por parte del periodista o el responsable de una columna, de las ideas, opiniones o juicios propios , expuestos en forma crítica a la opinión pública.
(Del lat. iudicĭum).
1. m. Facultad del alma, por la que el hombre puede distinguir el bien del mal y lo verdadero de lo falso.
2. m. Estado de sana razón opuesto a locura o delirio. Está en su juicio. Está fuera de juicio.
3. m. Opinión, parecer o dictamen.
4. m. Seso, asiento y cordura. Hombre de juicio.
El siguiente artículo de opinión (gracias al enlace de Zaichina) viene a demostrar que en los artículos de opinión caben los juicios del opinante, pero también los prejuicios. Y demuestra que dichos prejuicios pueden encontrar resonancia y ser publicados en un periódico de tirada nacional.
Se titula La bomba china y está firmado por un tal Alfonso Rojo para ABC. Mi intención no es perder mi tiempo analizándolo, pero es de una comicidad extrema: El periodista consigue de manera magistral reunir en unas líneas buena parte de los bulos que circulan a pie de calle sobre China/inmigrantes. La diferencia estriba en que estos prejuicios, verdades a medias o falsedades enteras nos los encontramos en el ABC elevados a la categoría de “verdad”, y no en la tasca de la esquina.
Vamos allá:
La bomba china
Lo de China no es que inquiete; espanta.
Olvídense de esa leyenda urbana según la cual la razón por la que nunca vemos esquelas de chinos en los periódicos es porque trocean delicadamente a los que fallecen y los echan al chop-suey
Algo chirría en las estadísticas (…) cada día encontramos más asiáticos detrás de los mostradores de los todo a 100 y en los restaurantes étnicos, lo que alimenta la tesis de que se cuelan por el aeropuerto de Barajas a mogollón, aprovechando que a los ojos de un occidental casi todos se parecen.
Cosas aparte, lo de China es para echarse a temblar.
Bien, dejemos a los chinorris y a sus muertos, y vayamos al plato principal: China. Agarrémonos los machos:
El país, el más grande de Asia y el más poblado del mundo, es ya el primer consumidor de energía del planeta, por delante de los mismísimos Estados Unidos.
Entre los récords que ostenta, destaca (…) como no podía ser de otra manera, en accidentes laborales, desastres ecológicos y epidemias raras.
Si sólo fuera lo anterior, uno podría respirar, pero es que también es el país con mayor número de ejecuciones al año. (…) cada año se apiolan a unos 1.700 desventurados. Casi siempre de un balazo en la nuca, que paga la familia del condenado, para ahorrar.
En fin, todo un muestrario de sabiduría popular en unas líneas (por cuya excreción es pagado el periodista, suponemos). Pero no quiero equivocarme: Estoy segura de que antes de publicar nada, obtuvo todos los datos estadísticos de la mano del mismo Hu JinTao (China no suelta prenda con nadie, pero con él seguro que sí lo hizo), y además se pateó los restaurantes “étnicos” (sic) de España entera para comprobar que, los cada vez más abundantes chinitos, están riquísimos en el chop suey.
Hola, me llamo Paola Monetta y no hablo inglés. Ahora mismo estoy en Boston, ¡qué manía tienen de tener todo en inglés! Estamos en octubre y hace un frío que pela. Aún nadie me ha explicado por qué puñetas tienen todo lleno de calabazas con velas dentro. Bueno, escribiré más adelante, eso si no me pegan un tiro, que ya sabemos cómo se las gastan en Yankilandia.
El fragmento anterior parece de una italiana que anda algo despistada en los Estados Unidos. Parece que no tiene idea de qué va el percal; nada que no se solucione con un poco de tiempo y estudio. ¿Cierto?

¿Y si os digo que Paola Monetta es periodista para Il Corriere y que es la corresponsal de EEUU para su periódico? ¿No haría el fragmento anterior presumir su falta de idoneidad para el puesto en particular? (al margen de que pueda tener 30 años de experiencia a sus espaldas y un CV tan perfecto que habría que encuadernarlo).
No os preocupés: Me he apuntado a clases de inglés y me estoy leyendo “La Letra Escarlata” para entender el pensamiento americano.
Bien, dejémonos de parábolas y vayamos al grano: Chinochano nos refiere en su página de Facebook al blog de la nueva y flamante corresponsal de RTVE en Beijing. Ya planteé en el enlace que puso Chinochano algunas reticencias que me surgieron al leer el blog, que van en el sentido del burdo ejemplo que he puesto más arriba. Resalto algunas perlas:
En la entrada “Como una marciana en Pekín” (título que ya da idea de lo familiarizada que está con China), escribe:
Otra sorpresa menos agradable ha sido la de buscar un restaurante. Sin carta en inglés y solo con las fotos y los caracteres chinos es imposible saber qué se come.
Ajá. La primera cosa nos queda clara: La corresponsal no sabe chino. Ni siquiera parece tener a mano un libro de frases útiles, o haberse estudiado 3 o 4 nociones esenciales del estilo: “Agua, por favor”, “picante no, gracias”. Seguimos:
Nadie me ha explicado todavía la manía que tienen de sacar los zapatos a la escalera y llenar de floripondios las puertas
Dos por uno, como en el mercado: Entrar con los zapatos que has usado en la calle en casa es algo que se hace en pocos países (España es uno de ellos). No es una manía, sino una higiénica costumbre que China comparte con otros lugares del mundo. No hace falta haber viajado mucho para notarlo.
En segundo lugar, me ha llamado la atención su mención a los “floripondios” de las puertas, y es que esos adornos son una expresión cultural china tan básica, que su desconocimiento equivale a ir a EEUU creyendo que Halloween se hace porque les sobran las calabazas (otra vez, mi burdo ejemplo). Pero claro, si la periodista supiera chino sabría qué pone en las puertas (si es que el de dentro se ha casado, si es primavera, si son versos o una forma de atraer la buena suerte).
En “Quince días en Pekín… ¡y estreno de bici!” escribe:
me voy adaptando a las peculiaridades del planeta amarillo y trato de disfrutar las diferencias.
¿Planeta… amarillo? ¿Es que se ha mudado a Springfield? Ah no: Los amarillos son los chinos. Y además, son extraterrestres. Si el racismo nace de la expresión misma del concepto de raza, me parece que un periodista puede buscarse epítetos menos ridiculizantes. Sobre China, ya sabemos que podemos recurrir a expresiones del tipo “gigante asiático” o “dragón”. En definitiva, la corresponsal se siente como Sting en Nueva York, sólo que en esta ocasión los aliens son los otros. La última perla por hoy:
En Un mes de la peor marea negra de China:
Lo que más me ha llamado la atención es la ingenuidad de la gente. Una madre, desde la orilla, veía como sus hijas se bañaban en el mar. “No pasa nada…solo hay un poco de petróleo en la superficie”, me decía la mujer. Un pescador, a solo unos metros de una capa de crudo, aseguraba: “No hay ningún problema con el pescado…porque está muy abajo…y el crudo está por encima”…
Los expertos dicen que el Gobierno debería explicar a la población los efectos de este tipo de vertidos. Pero aquí nadie parece haber explicado nada.
Bien: En teoría habla con una madre china (imagino que intérprete en ristre o usando la lengua de signos porque, no olvidemos, la corresponsal no sabe chino). Sus hijas se bañan en aguas llenas de petróleo. La conversación con un individuo le sirve para etiquetar a toda la gente como ingenua. Estupendo ejercicio de inducción. Además, el gobierno debe explicar por qué no es bueno bañarse en petróleo o pescar… Pero, ¿no lo ha hecho?
[提要]7月27日国家海洋渔业局发布我市海水浴场监测情况:棒棰岛海水浴场水质较好,符合一类海水水质标准;金石滩、星海湾、星海公园、泊石湾、付家庄近岸海域海水没有达到游泳标准。
¿Parece chino? Lo es. Es la lengua oficial en China, ya se sabe. He usado Google (el resaltado es mío).
[*Aclaración para los visitantes que no lean chino: Es la reproducción de un aviso ministerial aparecido en prensa, avisando de las playas de Dalian no aptas para el baño]
Venga, ahora busquemos en inglés:
Xu said Greenpeace had erected signs on the beaches warning people not to swim in the sea, as crude oil contains compounds that do not dissolve easily in water and are known to be carcinogenic
En todo el mundo, siempre habrá quien vaya a buscar berberechos o atraviese ríos en pleno temporal. Si se trata de China, pensemos que la ignorancia supina es propia de todo el país, y aprovechemos para meter el manido comentario sobre el gobierno chino, que siempre queda muy cuco.
Me temo que este escrito está cargado de sarcasmo inútil, y lo siento de veras. Sólo quiero resaltar unos puntos antes de terminar:
¿Cómo decirlo? No se trata de buscar un corresponsal que se ponga unas gafas de color rosa para hablar/escribir sobre China: Se trata de que sus gafas sean lo más transparente posible, y eso sólo lo da el conocimiento… Conocimiento que precisa una inversión de años en estudio y contacto (venga… ¡aceptamos una semana y la Lonely Planet como inversión de tiempo!).
Luego pasa lo que pasa: Que uno se cuelga el título de “Corresponsal en Asia” y se dedica a cubrir ese pequeño continente desde Bangkok, o se pone a hablar en la tele de las Anacletas de Confucio y de cómo los chinos inventaron el pergamino, o de cómo los coreanos se tiran zapatos en el parlamento y los japoneses compran bragas usadas… Total, si no se va a dar cuenta ni Dios de nada, porque con la contribución de más periodistas escasamente preparados en los mass media españoles, el penoso panorama informativo desde Asia se quedará como estaba.
Probablemente nadie haya llegado hasta aquí, pero me he quedado muy a gusto.
Comentarios