Los españoles toman las de Villadiego. Ahora se lanzan a estaciones o aeropuertos con la misma maleta de antaño, cargada de nervios o ilusiones, pero los tiempos han cambiado.
Introducción lacrimógena, lo sé. Cuando una tiene un blog perdido en el ciberespacio es fácil percibir la nueva oleada de emigrados, oleada con una causa que empieza por cri y termina por sis. El revulsivo definitivo, en algunos casos: Desesperación absoluta. En otros, también, cierta ingenuidad.
Hoy en día, usamos Google como si fuera el oráculo de Delfos. A veces, cuando uno se pregunta cómo emigrar a X país, acaba en uno de esos blogs perdidos y formula preguntas a los que allí escriben. ¿Nadie más lo ha notado?
En mi caso, se han multiplicado por mucho las consultas a mi email sobre cómo emigrar a Noruega y a China. En cuanto a los que llegan desde buscadores, los primeros puestos junto a “hacer el pollo como en el restaurante chino“ o “letra a en chino“ son ahora cuestiones como:
Y preguntas del mismo estilo sobre China. Por ello, estoy preparando un FAQ sobre la emigración REALISTA a Noruega. Ahora, creo que no puedo hacer un FAQ sobre emigrar a China. No es lo mismo irte a un país “a pelo” que con el paraguas/colchón que supone tener un marido de ese país, ni tener que buscarte la vida a que te apañen todo tu marido o tus suegros.
Me está sorprendiendo especialmente el frenesí por ir a Noruega, ¿qué ha pasado? ¿Quién está corriendo la voz? ¿Ha habido un nuevo capítulo de Españoles por el Mundo?
Allá deben estar percibiendo la oleada también. Siempre leo la prensa noruega, y hace un par de días todos los medios noruegos se hicieron eco de las palabras de la ministra de trabajo noruega, que ha pedido a los inmigrantes del sur de Europa que no encuentren trabajo que regresen a sus países.
También se puede leer cómo algunos de los españoles que buscan trabajo en Noruega van de Guatemala a Guatepeor, o cómo van a mirar con lupa las ayudas sociales a los expatriados (ambas noticias traducidas por Macarena).
Estas noticias no me sorprenden. Los noruegos son muy celosos de su estado del bienestar.
Lo mismo para cuando haya terminado el FAQ los noruegos habrán decidido mandar a Schengen a paseo. Mejor me doy prisa.
¿Qué ocurre cuando el lugar en el que desearías vivir no coincide con el de tu pareja?
En ocasiones no es cuestión de deseos, sino de posibilidades, de logística.
He dejado de intentar convencer a ZF de mudarnos a Noruega. Ni el frío, ni la perspectiva de aprender noruego, ni los inviernos interminables le parecen atractivos. Es más: Preferiría hacerse el harakiri con una cuchara de madera antes que poner un pie en Noruega para algo que no fuera turismo.
ZF sólo ha estado unos pocos días de visita cuando servidora vivía en el norte de Noruega. El señor acabó tal que así:
Intuyo que esa visita terminó con todas mis posibilidades. Se acabaron las auroras al otro lado de la ventana.
¡Qué paradoja! Una española que siempre ha deseado vivir fuera de España, con un chino que prefiere España a cualquier otro lugar.
1.- Tirarse de espaldas en la nieve
2.- Consultar cada día el Aurora Forecast y, si toca aurora boreal, salir a verla (y hacer fotos chapuceras del momento)
3.- Subir a cualquier montaña cercana a admirar el paisaje

4.- Salir a hacer patinaje sobre hielo (sin patines)
5.- Si vives en zona Sami, salir a ver los rebaños de renos
6.- Ir a casa de tus vecinos noruegos y comerte su tarta
7.- Si no nieva, sentarte con ellos a comer afuera
8.- Visitar iglesias de madera
9.- Quedarte en casa y hacerte fotos haciendo el tonto
10.- Simplemente, mirar
… por la ventana
-Pura divagación. Buen somnífero, si me preguntas.-
Recuerdo cuando me mudé a Noruega. Llegué al que es, probablemente, uno de los lugares más lluviosos de Europa (Bergen), arrastrando una maleta gigantesca y una guitarra.
Aunque era un 13 de agosto, estábamos a las puertas del frío otoño, y las horas de luz mermaban día a día de forma claramente perceptible. Vivía en la parte sombría de la ciudad, en una habitación con paredes y cortinas de color gris y azul. Pasaba el día en penumbra.
A decir verdad, las ilusiones que llevaba en la maleta no me hacían los larguísimos días de invierno más llevaderos. A pesar de ello, cumplí mi objetivo: Empaparme de la cultura y lengua(s) noruegas, y de sus gentes. Intenté entenderlos, y su forma de relacionarse, de la forma más próxima a su punto de vista que pude inventarme. Y resultó. Oye: disfruté.
Me pregunto si en China podré hacer algo parecido.
Antes de ir a China, sé que cuando ponga el telediario me entrará un cabreo considerable, y que será recomendable que deje hibernar al activista político que hay en mí. También sé que la gente me mirará por la calle, que no podré cotillear en Google como me hubiera gustado (?), y que mis hábitos gastronómicos sufrirán cambios.
Ahora bien, a pesar de todas las desventajas existentes, espero poder meterme a escribir aquí sobre China, con la misma actitud que tenía en mi anterior etapa como exiliada: Contar lo chungo que es sacar la matrícula de la bici, lo poco manejable que es llevar a mi perro de paseo en calles llenas de gente, poner una foto de mi exótica boda, y tonterías por el estilo.
Cada vez tengo más miedo. Me pregunto si me entrará el síndrome del expatriado angloparlante en China, y me dedicaré a echar pestes contra los chinos, pues los muy gilis no hablan español y comen con palillos (cosas de esas que se suelen leer en los blogs yankees, pero metamorfoseadas). Me da miedo que China sea un reto que no pueda superar.
Quién sabe.
Ya acabo. Es que hoy me ha dado por hurgar en las últimas entradas de Talktalkchina, y me he puesto hasta de mala leche. Y luego, los temores… Nunca Mais.
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